Si los aguijones del inicuo enemigo
ataca hiriendo donde más nos duele,
la sorpresa estremece todo nuestro ser
es cuando elevamos los ojos al cielo
sabiendo esperar confiados la respuesta.
La cálida mano de Jehová acaricia
hablándonos suave y dulce al oído,
nos abraza y sustenta con su tierno amor.
El golpe aturdidor no nos dejó ver
que nuestro Amoroso Padre se ocupó
de mover los corazones de hermanos
que como sus herramientas hábiles
y con palabras de ánimo y estímulo,
la mano tibia y segura sobre el hombro,
con el abrazo firme y sustentador
y la mirada cariñosa que nos dice:
¡¡Fuerza!! ¡¡No claudiquen!!
¡¡La tribulación es momentánea…!!
¡Jehová está a tu lado siempre!
Y esa paz que solo proviene de Jehová
se hace carne en tus palabras y tu amor
cuando, sin darte cuenta, querido hermano
extiendes tiernamente hacia mí tu mano.
Silvia Espiño 16/1/11

