Martes, Febrero 07, 2012
Tag:ánimo

Si los aguijones del inicuo enemigo
ataca hiriendo donde más nos duele,
la sorpresa estremece todo  nuestro ser
es cuando elevamos los ojos al cielo
sabiendo esperar confiados la respuesta.

La cálida mano de Jehová acaricia
hablándonos suave y dulce al oído,
nos abraza y sustenta con su tierno amor.

El golpe aturdidor no nos dejó ver
que nuestro Amoroso Padre se ocupó
de mover los  corazones de hermanos
que como sus herramientas hábiles
y con palabras de ánimo y estímulo,
la mano tibia y segura sobre el hombro,
con el abrazo firme y sustentador
y la mirada cariñosa que nos dice:

¡¡Fuerza!! ¡¡No claudiquen!!
¡¡La tribulación es momentánea…!!
¡Jehová está a tu lado siempre!

Y esa paz que solo proviene de Jehová
se hace carne en tus palabras y tu amor
cuando, sin darte cuenta, querido hermano
extiendes tiernamente hacia mí tu mano.

Silvia Espiño   16/1/11

 

Siento ser débil en mi melodía,

Siento que ya he perdido hasta mi mente

Yo necesito ver un nuevo día

Menester es hallar a quien me oriente.

 

En silencio padezco mi dolencia

Siento por este mundo mi repudio

Callo aunque sea grande mi carencia

Voy solo y siento que estalló el Vesubio

 

No me hace gracia verte reducido

Se que no será fácil convencerte

De reconocer que así estás perdido

 

No cederé en mis ansias de tenerte

No pienses que estarás en el olvido

Lucharé siempre para retenerte

 

TOMÁS HIDALGO

 

 

En nuestra congregación un amado hermano, solo en la verdad, se “enfrió”.

Simplemente un día dejó de asistir a nuestras reuniones. Al comienzo los hermanos pensaban que se había enfermado. Bueno, eso suponían. Y como siempre se piensa que “algún hermano anciano” debe estar visitándolo para ayudarlo, no le dieron mayor importancia. Al cabo de unas semanas varios hermanos preguntaban a otros si sabían del hermano Ausente. Nadie había tenido tiempo de visitarle en su casa, y no le habían llamado pues el hermano no tenía teléfono. Dos ancianos hicieron arreglos para visitarle, pero no le hallaron en casa. Esos dos meses en particular, los ancianos habían tenido mucho trabajo en la congregación. Dos comités judiciales, las preguntas para el bautismo de varios publicadores, los arreglos para la visita del superintendente de circuito a la congregación, habían hecho que el hermanito ausente pasara desapercibido. Lo penoso es que a veces nos terminamos acostumbrando a la ausencia de un hermano, de modo que al pasar el tiempo, ya nadie se pregunta qué fue de nuestro hermano. Y eso fue lo que pasó en este caso.

Unos tres o cuatro meses después, una hermanita de edad avanzada, viuda sin familia en la verdad y sin hijos, se acercó temerosa a uno de los ancianos. Tenía algo que comunicarles. El hermano anciano al escucharla, se sintió muy perturbado. Después de una reunión pública y del estudio de la Atalaya, pidió a los demás ancianos reunirse brevemente en una sala contigua al salón principal.

Allí les comunicó que la hermanita anciana, había buscado infructuosamente al hermano Ausente en la congregación por varias semanas, y al no saber de él planteó su preocupación al anciano Superintendente de servicio. El hermano ausente, la había visitado en su casa en muchas oportunidades cuando ella estuvo enferma sin poder valerse por sí  misma. Incluso relató que el hermano, carpintero y albañil de profesión, había tenido la bondad de arreglar su tejado en el invierno, cubrió las rendijas por donde se colaba el frío, y le había llevado alimento en varias oportunidades, pues la hermanita recibía muy poca ayuda de su pensión de viudez. Ella se sentía profundamente agradecida del hermano Ausente, y se angustiaba por no poderle agradecer personalmente todos sus cuidados.

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Hoy emprendes un camino muy gozoso,
altruista y abnegado, sí...
pero el más satisfaciente que puedas elegir.

Has optado por honrar a Jehová
con tus cosas valiosas:
el vigor de tu juventud,
tu tiempo y los talentos
que generosamente Él depositó en ti.

Has decidido vivir los días finales
del sistema, de la mejor manera :
abriendo surcos, 
sembrando la verdad del Reino.
¿Quién sabe cuántos mansos
conocerán la verdad con
semillas tomadas de tus manos?

Sigue fiel en este derrotero,
pon las manos al arado y no permitas
que nada te haga mirar atrás.
Quienes te amamos, oramos
porque el gozo de Jehová
sea tu plaza fuerte hasta el fin.

 
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