Desde hace ya varios atardeceres
extraño aquel sonido que salia por mi boca.
Aquella melodía que me permitia expresarme,
y que solo hoy espero anhelante.
Durante las citas semanales,
algunos alzan sus manos gozosos.
Mientras yo en mi agonía
de verguenza las encondo.
Quisiera que el tiempo avanzara
y que todo fuera como antes.
Pero sé que esperar debo,
para nuevamente levantarme.
Trataré de no inquietarme más,
aunque la angustia me impida avanzar.
Sé que cuando el tiempo al fin llegue,
mis manos se alzaran y mis labios te bendecirán.
(Octubre 2005)
