Martes, Febrero 07, 2012
Tag:esperanza

Marianela corre hacia la puerta de la casa seguida de su perro regalón, al sentir el ruido de los caballos que tiran la calesa.

—¡ Papá, papá, parece que llegaron!  –grita emocionada.

—Está bien, hija, no corras, que te puedes lastimar  –contesta su padre mientras deja de reparar la puerta de la cocina–. Llama a tu mamá para que prepare la mesa.

—Papito, dígale a la Loreto que le avise, por favor –suplica la niña–   yo quiero recibirlos... ¡Mira aquí llegan!.

En efecto, la calesa se ha detenido a la puerta, y los visitantes bajan de ella. Con gozosa algarabía  Marianela, niña de unos seis años,  retira con discreción de la mano de la dama visitante, de porte distinguido y de unos 45 años de apariencia, un canasto con algunos víveres. Su perro "Motitas", un pequeño perrito faldero, corre saltando contento de un lado para otro, dando pequeños ladridos, moviendo su colita y lengüeteando las manos de las visitas y las mejillas de Marianela.

—Hola, Marianela, qué gusto verte de nuevo. ¡Qué bonito tu perrito... y tú  eres toda una señorita!. Mira, Daniel, ¡qué linda!  –dice la mujer, mientras se inclina para besarla en la mejilla, momento que "Motitas" aprovecha para lengüetear la mejilla de la mujer-  Hola perrito cómo te va... ay no me vallas a ensuciar el vestido ja, ja, ja

—¡ No, "Motitas", déjate pesado... ya! Hola tía Laura, hola tío Daniel  –saluda la niña dando un beso a los visitantes.

—Hola pequeña  –responde el hombre de aspecto maduro, como de 45 años-  Sí, es muy bonita, se parece a su mamá.

—Yo diría que se parece más a su papá  –interrumpe un joven de unos 28 años, mientras  acaricia la barbilla de la niña.

—Hola tío. ¿Cómo se llama usted? –saluda la niña mientras da un beso en la mejilla al joven.

—Claudio. Pero si tú y yo ya nos conocíamos en la congregación, ¿recuerdas que llegué hace como un mes?. Supongo que tu mamá te dijo que vendría.

—Sí, pero no me acordaba cómo se llamaba -contesta la niña, esbozando una hermosa sonrisa infantil.

 

Cuando nos volvamos a ver, dentro de poco o mucho tiempo
Veras, será todo diferente, que parecerá como un lejano cuento
Yo sé que tu duermes el sueño profundo, pero sé que no es eterno
Seguiré viviendo llevando la nostalgia de tu ausencia y recuerdo
Pero esperando con ansiedad y alegría el momento del reencuentro

Sé de lo imposible que es verte o escuchar tu charla interminable
Y un dolor me cruza el pecho y llena mis ojos de lágrimas impotentes
Que solo el recuerdo de travesuras cuando niños logra aliviarme
Quizás llore o quizás ría cuando en familia se evoque tu nombre
Pero por más que pase el tiempo siempre te tendré presente

Aunque tú no puedas verme, ni escucharme, esto es lo que prometo
Te voy a estar esperando con la alegría hecha llanto y los brazos abiertos
Para mostrarte ese nuevo mundo que alguna vez los dos hablamos
Hermana, sé que larga me parecerá la espera, por que ansío tu regreso
Pero cuando Jehová  te despierte y te levantes de ese profundo sueño,

viviremos eternamente, ya lo veras; te voy a estar esperando lo prometo
Hablaremos largamente para cubrir todas estas horas de silencio
Cuando nos volvamos a ver, dentro de poco o mucho tiempo
Verás, será todo diferente, que parecerá como un lejano cuento
Yo sé que tu duermes el sueño profundo, pero sé que no es eterno.

Fernando Camino

10/2011

 

Quizás ya te haya pasado:

Ves al "mundo" saludarte,

Sé que vos no lo has planeado

Pero por un momento dudaste.

Han pasado tantos años

Y aún no acaba este dolor.

Han sido ya muchos los daños,

Te han dejado un gran ardor.

'¿Tendrá sentido seguir?.

Este mundo aún no termina,

¿Valdrá la pena insistir?

Siento que el cansancio me domina

¿Será que es mejor rendirme?

Mis fuerzas se han agotado'

Pensás que ya vas a hundirte,

Te sentís algo apartado.

Pero '¿Cómo puede ser?' Te lo preguntas

'¡Sé que el "mundo" es tan absurdo!

¡Eso lo sé bien! De eso no deben quedar dudas'

No sabés lo que te pasa, y eso sí que te da susto.

Sé que eso ya te ha pasado,

Comprendo lo que has vivido.

Pero sé que también te has levantado,

Mirando hacia delante has comprendido.

Sabés que hay un gran futuro,

En la ley te has deleitado.

Te salís de ese lugar oscuro,

Tu confianza en Jah te ha rescatado.

"¡Hacia dónde nos iremos!"

Esa sí es una gran frase,

No hay otro lugar y lo sabemos.

El "mundo" es solo una fase.

Sabés que pronto vendrá

un hermoso galardón,

Es allá hacia donde iremos

Para siempre, a Jehová Dios alabaremos

 

 

Tomás Hidalgo
 

Los primeros rayos del sol de la mañana, traspasan las copas de los árboles de las colinas que circundan la hacienda de Wilder. Se posan tímidamente sobre los rosales bien podados que con tanto esmero cuida su esposa, Margarita. El cercado de madera, en tono “palo rosa” que bordea los rosales, hace resaltar los vívidos colores de una inquieta mariposa que revolotea de flor en flor hasta el cercado, para luego dirigirse a las ramas floridas de las acacias que custodian la entrada a la hacienda. Estos estoicos vigilantes del tiempo, continuamente visitados por coloridas avecillas ensayando primorosos trinos, dan sombra al zigzagueante sendero de tierra endurecida, que nace en el hermoso pórtico estilo romano de la casa principal, hasta perderse en las lejanas colinas cubiertas de césped que, cual alfombra verde y exuberante, es salpicada de cuando en cuando por puntitos de colores, regalo de flores, como si fuera el resultado del descuidado y ágil pincel del sublime Artista.

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Es una mañana muy fría. Las calles angostas y pavimentadas  parecen estar siendo barridas por el leve viento helado de la madrugada. De vez en cuando un vehículo, evitando el tráfico principal, pasa raudo, levantando papeles y polvo. La neblina matinal poco a poco comienza a desdibujarse, permitiendo los débiles rallos de sol. Junto a una puerta alta de diseño antiguo y macizo, de madera apolillada y  desvencijada, una niña extremadamente delgada, de unos quince años, de cabello largo y mal tratado, intenta dormir acurrucada en el dintel, apretujando su raída chaleca de lana contra el pecho. Sus pies descalzos luchan por buscar abrigo enroscándose entre unos papeles viejos. El sonido de su persistente tos, se siente apagada y seca, retumbándole el pecho. Su mirada triste y sin brillo, inexpresiva, parece evidenciar la total desolación de alguien que experimenta la pérdida de toda esperanza. El sopor del sueño producido por el frío, apenas permiten que mantenga sus ojos abiertos. Por eso, apenas puede distinguir al joven que se inclina a su lado. El joven, tiernamente, con su mano derecha, levanta la barbilla de la muchacha.

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La niña de los ojos tristes
una pena en su corazón guardaba,
que nadie de esto sabía
ni ella lo recordaba.
Se escondía por los rincones
sin quererlo, sola sufría.

La niña de los ojos y tristes
los recibió una tarde fría
asaltada por el engaño
cuando aprendió que la mentira
la salvaba del castigo cruel.

Aprendió que lo mejor era callar,
en vez de poder hablar,
y lo mejor sería olvidar
porque nadie creería su penar.

La niña de los ojos tristes
se los pintó de alegría
en su boca dibujó una gran sonrisa
y de cascabeles toda ella se vistió.

Tanto dolor la llevó
a dejar que el olvido tapara
la crueldad que su cuerpo sufrió.

La niña de los ojos tristes,
creció y vivió lo mejor que pudo
y fue feliz lo mejor que supo.
Una luz un día iluminó
sus tristes ojos llenos de pena.

Aprendió la maravillosa Verdad
y la esperanza su corazón llenó.
La niña de los ojos tristes
que prefirió el olvido tenaz,
halló la cura gracias a su Dios Jehová.

Aún sus ojos guardan tristeza,
heridas que un día sanaran,
cuando el Reino y Su justicia lleguen
y le de calma por la eternidad.

Silvia Espiño
24/11/09

 
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