
Marianela corre hacia la puerta de la casa seguida de su perro regalón, al sentir el ruido de los caballos que tiran la calesa.
—¡ Papá, papá, parece que llegaron! –grita emocionada.
—Está bien, hija, no corras, que te puedes lastimar –contesta su padre mientras deja de reparar la puerta de la cocina–. Llama a tu mamá para que prepare la mesa.
—Papito, dígale a la Loreto que le avise, por favor –suplica la niña– yo quiero recibirlos... ¡Mira aquí llegan!.
En efecto, la calesa se ha detenido a la puerta, y los visitantes bajan de ella. Con gozosa algarabía Marianela, niña de unos seis años, retira con discreción de la mano de la dama visitante, de porte distinguido y de unos 45 años de apariencia, un canasto con algunos víveres. Su perro "Motitas", un pequeño perrito faldero, corre saltando contento de un lado para otro, dando pequeños ladridos, moviendo su colita y lengüeteando las manos de las visitas y las mejillas de Marianela.
—Hola, Marianela, qué gusto verte de nuevo. ¡Qué bonito tu perrito... y tú eres toda una señorita!. Mira, Daniel, ¡qué linda! –dice la mujer, mientras se inclina para besarla en la mejilla, momento que "Motitas" aprovecha para lengüetear la mejilla de la mujer- Hola perrito cómo te va... ay no me vallas a ensuciar el vestido ja, ja, ja
—¡ No, "Motitas", déjate pesado... ya! Hola tía Laura, hola tío Daniel –saluda la niña dando un beso a los visitantes.
—Hola pequeña –responde el hombre de aspecto maduro, como de 45 años- Sí, es muy bonita, se parece a su mamá.
—Yo diría que se parece más a su papá –interrumpe un joven de unos 28 años, mientras acaricia la barbilla de la niña.
—Hola tío. ¿Cómo se llama usted? –saluda la niña mientras da un beso en la mejilla al joven.
—Claudio. Pero si tú y yo ya nos conocíamos en la congregación, ¿recuerdas que llegué hace como un mes?. Supongo que tu mamá te dijo que vendría.
—Sí, pero no me acordaba cómo se llamaba -contesta la niña, esbozando una hermosa sonrisa infantil.


