Martes, Febrero 07, 2012
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“LAMENTO informar que a las 21 horas de Montevideo, murió Álef Guímel. De seguro sus obras ‘van con ella’”. (Lunes 27 de diciembre de 2004). -

El escueto mensaje en la red de Internet, daba cuenta del deceso de uno más de los siervos leales de Jehová. Pero este deceso en particular, remecería los corazones de muchos hermanos y hermanas que sentían una profunda admiración y cariño por la hermana a la que se hacía referencia. Uno de esos corazones estaba a kilómetros de distancia, sin embargo, en pensamiento y cariño, siempre a su lado.

Otro gentil mensaje en la red, fechado martes 28 de diciembre de 2004, informaba:

“Queridos hermanos:

“Esta mañana fue el sepelio de nuestra querida hermana Lira. Un hermano Betelita    dio la conferencia y fue muy gratificante para todos.

“Comenzó con el texto de Eclesiastés 7:1 que dice: ‘Mejor es un nombre que el buen aceite, y el día de la muerte, que el día en que uno nace’.

“Entonces, el hermano Betelita, habló de la vida fructífera que llevó nuestra hermana Lira, con un poco mas de cuarenta años de servicio completo, habiendo ayudado a más de ochenta personas  a conocer a nuestro Dios. Transformándose así, en un excelente ejemplo a seguir.

“También recordó que siempre llevaba una sonrisa, y cuando no bromeaba  citaba, tanto un poema o un texto de la Biblia. Luego de mencionar nuestra esperanza, y cómo de seguro Jehová la tendrá en su memoria, terminó su disertación citando Eclesiastés 7:2 que dice: ‘Mejor es ir a la casa del duelo, que ir a la casa del banquete. Porque ese es el fin de toda la humanidad; y el que está vivo debe poner esto en su corazón’. Nos animó a todos a reflexionar y tener en mente, el día de nuestra muerte, en el sentido de vivir cada día para Jehová, como si fuera el último.”


El mensaje en la red, terminaba así:

“Realmente tuvimos el privilegio de conocer a una preciosa hermana, que nos deja un gran ejemplo. De seguro la extrañaremos mucho. Pero sabemos que ella estará allí.

Un gusto estar en contacto con ustedes...”


“Ella estará allí...”  Todos los que leyeron el mensaje, sabían a qué se refería. Muchos hermanos que la conocieron personalmente o a través de sus escritos, que rebosaban de amor por Jehová y sus maravillosas promesas, expresaron su pena por su fallecimiento.

Uno de esos muchos corazones tristes por la noticia, escribe a una amiga en México:

“Querida hermana Elvira:

También he disfrutado por años de leer los libros de Álef Guímel. En mi caso particular, es esa amiga del alma que nos marca para siempre. Pero el legado que nos deja es inmenso, y es una bendición poder tener todo cuanto escribió. Aunque ella esté ausente momentáneamente hasta el Paraíso, sus palabras seguirán transmitiendo tanta vida y esperanza como siempre. 

Un abrazo...

Tu hermana,

Nancy.”


Nancy, con mucho esfuerzo termina la nota en su computador. Cierra sus ojos y descansa su cuerpo en el respaldar de su sillón, para concentrarse en el reposo de sus débiles músculos, afectados por la ingrata enfermedad.

“Polimiositis, Miastenia Gravis”, había diagnosticado desbastadoramente  el doctor. Un nombre difícil de pronunciar, pero mucho más difícil de soportar. “... Los neurotransmisores  que conectan los impulsos nerviosos con los músculos, son atacados por el sistema inmunológico, causando debilidad grave”, había explicado el doctor a Waldo, su desconsolado esposo. Otra enfermedad que produce inflamación de las arterias se había sumado a las anteriores como un infame complot para dejarla paralizada en un 95% de su cuerpo. “¿Porqué precisamente ahora?”, había sido su primera reacción. Justo cuando sus planes para iniciar el precursorado como familia estaban prosperando. No recuerda cuántas lágrimas de impotencia, pena y dolor se han derramado por sus mejillas.

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Marianela corre hacia la puerta de la casa seguida de su perro regalón, al sentir el ruido de los caballos que tiran la calesa.

—¡ Papá, papá, parece que llegaron!  –grita emocionada.

—Está bien, hija, no corras, que te puedes lastimar  –contesta su padre mientras deja de reparar la puerta de la cocina–. Llama a tu mamá para que prepare la mesa.

—Papito, dígale a la Loreto que le avise, por favor –suplica la niña–   yo quiero recibirlos... ¡Mira aquí llegan!.

En efecto, la calesa se ha detenido a la puerta, y los visitantes bajan de ella. Con gozosa algarabía  Marianela, niña de unos seis años,  retira con discreción de la mano de la dama visitante, de porte distinguido y de unos 45 años de apariencia, un canasto con algunos víveres. Su perro "Motitas", un pequeño perrito faldero, corre saltando contento de un lado para otro, dando pequeños ladridos, moviendo su colita y lengüeteando las manos de las visitas y las mejillas de Marianela.

—Hola, Marianela, qué gusto verte de nuevo. ¡Qué bonito tu perrito... y tú  eres toda una señorita!. Mira, Daniel, ¡qué linda!  –dice la mujer, mientras se inclina para besarla en la mejilla, momento que "Motitas" aprovecha para lengüetear la mejilla de la mujer-  Hola perrito cómo te va... ay no me vallas a ensuciar el vestido ja, ja, ja

—¡ No, "Motitas", déjate pesado... ya! Hola tía Laura, hola tío Daniel  –saluda la niña dando un beso a los visitantes.

—Hola pequeña  –responde el hombre de aspecto maduro, como de 45 años-  Sí, es muy bonita, se parece a su mamá.

—Yo diría que se parece más a su papá  –interrumpe un joven de unos 28 años, mientras  acaricia la barbilla de la niña.

—Hola tío. ¿Cómo se llama usted? –saluda la niña mientras da un beso en la mejilla al joven.

—Claudio. Pero si tú y yo ya nos conocíamos en la congregación, ¿recuerdas que llegué hace como un mes?. Supongo que tu mamá te dijo que vendría.

—Sí, pero no me acordaba cómo se llamaba -contesta la niña, esbozando una hermosa sonrisa infantil.

 

       Atravesé la colina. Agitada por mis pasos presurosos, llegué al enorme jardín azul como así lo llamaban todos sus residentes. Estaba invitada a un almuerzo, una ocasión importante que habían preparado nada menos que Juan  el bautizante  y Zacarías leal padre. La mesa tenía forma de T. Cada una de sus partes medía aproximadamente ochenta metros. Dimensiones dignas de recibir sobre un impecable mantel de encaje blanco, a unos cuantos personajes de la antigüedad.  Se agolparon las preguntas en mi boca. Busqué donde sentarme y elegí hacerlo entre Raquel y Rebeca para preguntarles cuan grande fue el amor que sintieron por sus esposos y que singular estrategia habían utilizado para enamorarlos tan perdidamente. Como la respuesta no llegó seguí caminando. Al pasar junto a la viuda de Sarepta le pregunté si ella había amasado esa enorme cantidad de panecillos redondos. Sonriendo, asintió con su cabeza y señalando a Sara, me dijo al oído que los había hecho con su ayuda y su toque de distinción culinario.
       Todas las conversaciones se mezclaban: Sansón y Samuel hablaban del nazareato. Noe de las tablas que tuvo que construir para registrar a los predicados y Jonás narraba que su estancia dentro del vientre del pez fue como estar en un paraíso flotante. En un extremo de la mesa, Jacob y Esau se abrazaban emocionados; se reían de sí mismos porque se les había asignado justamente a ellos dos, la preparación del gigante guisado de lentejas que se hallaba sobre un conjunto enorme de brasas, junto a la mesa.
       Sin dejar de admirar cada detalle, me propuse averiguar quién era el orfebre que se había tomado el monumental trabajo de fabricar y tallar los más de trescientos vasos de plata que adornaban la mesa. Benjamín. me dijeron. De inmediato vino a mi mente la trampa de José; no podía parar de reírme... Decenas de rostros desconocidos que también estaban sentados a la mesa, me miraban con curiosidad. Había rostros lozanos y puros con ojos asombrados y felices de estar en el paraíso recobrado. Había hombres fuertes, hombres frágiles, mujeres exquisitas, otras vigorosas... Gente de aquí y de allá. Gente de mi barrio que me sorprendió gratamente y gente que parecía haber dejado atrás su ego y su orgullo. También mi gente, dueña de mi corazón: mis hijos, mis nietos, mi hermano, mi padre y... también... también, ¡mi mama! Comencé a observarla y caminé hacia ella. Parecía poco interesada en el almuerzo, pero sus manos veloces tejían abrigos y bufandas para todos los residentes de esta tierra luminosa. Busqué un lugarcito a su lado y al verme, entre lágrimas y sonrisas, me miró con su acostumbrada fijeza y me dijo: siempre supe que me decías la verdad, a pesar de lo mucho que te hice renegar cuando me dabas las clases bíblicas. Le respondí con calma que las últimas palabras que habían salido de mi boca para ella, fueron que JEHOVÁ jamás la abandonaría. Y no lo hizo.
        Ambas formamos parte ahora, de una familia como la que nunca tuvimos, porque en el viejo sistema de cosas, vaya a saber uno por qué  causa, nunca estuvimos realmente juntos. Vivíamos juntos pero solos. Cada uno en su mundo... amándonos... sin conocernos.
        Por eso en ese instante, agradecí infinitamente los sagrados arreglos de JEHOVA y su   REY  entronizado, JESUCRISTO: el nuevo mundo, la nueva gente, la resurrección y en lo que a mí respecta, el hallazgo de una familia definitivamente unida, para disfrutar de las gloriosas bendiciones de JEHOVÁ... como ésta... la de disfrutar de una maravillosa mesa servida en el paraíso recobrado.


        Dedicado a todos mis hermanos,

    BEATRIZ DONATO 
      Octubre 2009

 

Ya estamos en el paraíso,
la escena es diferente.
Tantas cosas por hacer,
Tantos amigos por encontrar…
¡Tantos recuerdos por enterrar!

Jehová ha sido muy bondadoso,
Nos ha dado al fin la recompensa,
¡La Tan anhelada vida eterna!

No es que dudáramos de ella,
Es sencillamente la tragedia
De que algunos no confiaran en verla
Y se dejaran arrastrar
 por el mundo de Satanás.

Tantas veces se nos dijo:
-Estén alertas!!!
-Manténganse despiertos!!!
-Oren de continuo!!!
Si tan solo vieran lo lindo que es estar en el Paraíso!

Ahora solamente hay que seguir confiando en Jehová…
Seguir obedeciendo sus nuevas normas,
Y claro…
disfrutar de estos mil años!
Que toda nuestra vida esperamos.

Y ya en este mundo tan paradisiaco,
Seguiremos disfrutando  la bendición  que Jehová nos da
El poder vivir eternamente,
sin las trampas de Satanás,
disfrutando la vida que lo vale de verdad!

Zibia

 

Los primeros rayos del sol de la mañana, traspasan las copas de los árboles de las colinas que circundan la hacienda de Wilder. Se posan tímidamente sobre los rosales bien podados que con tanto esmero cuida su esposa, Margarita. El cercado de madera, en tono “palo rosa” que bordea los rosales, hace resaltar los vívidos colores de una inquieta mariposa que revolotea de flor en flor hasta el cercado, para luego dirigirse a las ramas floridas de las acacias que custodian la entrada a la hacienda. Estos estoicos vigilantes del tiempo, continuamente visitados por coloridas avecillas ensayando primorosos trinos, dan sombra al zigzagueante sendero de tierra endurecida, que nace en el hermoso pórtico estilo romano de la casa principal, hasta perderse en las lejanas colinas cubiertas de césped que, cual alfombra verde y exuberante, es salpicada de cuando en cuando por puntitos de colores, regalo de flores, como si fuera el resultado del descuidado y ágil pincel del sublime Artista.

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Es una mañana muy fría. Las calles angostas y pavimentadas  parecen estar siendo barridas por el leve viento helado de la madrugada. De vez en cuando un vehículo, evitando el tráfico principal, pasa raudo, levantando papeles y polvo. La neblina matinal poco a poco comienza a desdibujarse, permitiendo los débiles rallos de sol. Junto a una puerta alta de diseño antiguo y macizo, de madera apolillada y  desvencijada, una niña extremadamente delgada, de unos quince años, de cabello largo y mal tratado, intenta dormir acurrucada en el dintel, apretujando su raída chaleca de lana contra el pecho. Sus pies descalzos luchan por buscar abrigo enroscándose entre unos papeles viejos. El sonido de su persistente tos, se siente apagada y seca, retumbándole el pecho. Su mirada triste y sin brillo, inexpresiva, parece evidenciar la total desolación de alguien que experimenta la pérdida de toda esperanza. El sopor del sueño producido por el frío, apenas permiten que mantenga sus ojos abiertos. Por eso, apenas puede distinguir al joven que se inclina a su lado. El joven, tiernamente, con su mano derecha, levanta la barbilla de la muchacha.

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¿Verdad que en el  Paraïso
te has visto un día
y todo lo que viste
fue de alegría?
Corriste los senderos
cantando a pleno…
Alabaste a Jehová
¡Por ser TAN  bueno!

¿Viste casas bonitas?
¿cuál elegiste?
¿en forma  de  castillo?
¿tal vez más simple?
¿una linda terraza?
¿balcón florido?
¿cabañita de troncos
entre dos ríos?

Si hubiese sido tú…
yo escogería
arriba, en la montaña,
como un altillo,
con una ventanita
que abriendo al cielo
un huerto me mostrara
variado y fresco,
con frutas y verduras,
y  POR MI hecho

Con manos fuertes y hábiles
que hoy ya no tengo,
pero recuperadas,
y sin resecos.

De allí te miraría
hermano bueno,
y te saludaría:
“Hola, qué bello”
¡Mira qué lindo día!
¡Todo es tan pleno
que de tanta hermosura
revienta el pecho!

Y tú…me sonreirías,
Vendrías corriendo…
¡yo llena de energía
saldría a tu encuentro,
para darte un abrazo,
decir “te quiero”!
Y de pronto sentir…:
¡no puedo hacerlo!
porque alguien se me cruza…
¿quién es? ¿qué veo?

¿Qué ven mis ojos, Dios?
¿es  esto cierto?
¿no es esta mi mamita
la que había muerto
un día siendo yo joven
dejando un hueco
en esta vida mía
de sufrimientos?
¡Qué cuánto la extrañé
cuando los años
me vieron oportunos
reír de nuevo,
ver crecer a mis hijas,
tener mis nietos…

¡Mira, mamita linda,
¡te los presento!
Ellos son de tu sangre…
bla, bla, bla, … bueno…
¡qué diálogo tan largo,
ya ni me acuerdo
que salí a saludar
mi hermano bueno

¿Y dónde se me fue?
ya no lo encuentro…
¡Ah,sí, allá lo veo,
Y también abrazado
con sus reencuentros!
¡Dejémosle que goce
con todos ellos!

¿Verdad que en el Paraíso
te has visto un día
y todo lo que viste
fue de alegría?

Todo esto no es un sueño,
y si lo es ahora
pues no es un espejismo.
Viene la hora
que tanto imaginamos
desde que un día
la  Verdad conocimos:
La Palabra: la Biblia.

Esto es sólo una muestra
que se imagina
en nuestros pensamientos,
de ¡tanta  dicha!
que esperamos ver pronto
real, activa,

¡Cuando  todo sea eterno!
¡cuando todo sea vida!
¡cuando no haya presencias
que hablen, despectivas,
de Nuestro Creador, de Su Soberanía,
y ese cruel Satanás
quede sin argumentos
¡Porque EL REINO DE DIOS
no habrá  sido Mentira!

Norma Santalla
26/09/11

 
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