Martes, Febrero 07, 2012
Tag:predicación

Horas compradas al sueño, que nunca se recuperan
deposito en el futuro, que con anhelo esperan
días de calor y frió, signos de la abnegación
anunciando y apoyando, de DIOS la vindicación
 
Sentimientos encontrados, mezcla de alegría y llanto
recompensados con gozo, fruto de espíritu santo
predican con gran denuedo, labios llenos de alabanza
vislumbrando el nuevo mundo que esperamos con confianza
 
Almuerzos a las corridas y descansos limitados
recompensados con creces en el servicio sagrado
buscando merecedores, semillas esparcirán
brotaran nuevos retoños, resultado del sembrar
 
Un corazón rebosante, de gratitud al creador
otorgara gran paciencia, al estudio el sembrador
sin importar el lugar, el servicio al soberano
nos mantiene en unidad, con todos nuestros hermanos
 
Privilegio de servir, ministerio incomparable
al creador del universo, sin duda es muy encomiable
precursor para el servicio, del rey de la eternidad
rescatara de este mundo, hermanos en la verdad
 
La siega ya esta avanzada, blancos los campos están
que no se aquiete la mano, es hora de despertar
una meta, un objetivo, que nos lleva a transitar
el camino de la vida con la bendición de JAH 

Nelli

Enero 2010

                                 

 

 

Abril 2006

 

Rosmeli Am

 

El Retorno

 

Octubre 2008

Publicado por:

Escritores Teocráticos Ediciones

www.escritoresteocraticos.net

 

 

Autorización:

 

ESTÁ PERMITIDA la producción y difusión total o parcial de este cuento, su tratamiento informático, la transmisión de cualquier forma o de cualquier medio, ya sea electrónico, mecánico, por fotocopia, registro u otros métodos.

 

ESTÁ PROHIBIDA la comercialización de este cuento, o el cobro de dinero para recuperación de gastos de producción. Su distribución sólo se autoriza de forma gratuita.

 

—El retorno—

–Cuento–

 

Rosmeli Am

 

 

            Madre e hijos vivían en una vieja casita de adobe en Valle Hermoso, donde se podían ver flores aún en invierno. Era un lugar privilegiado, donde todos se conocían. Sus mujeres trabajadoras, tejían maravillosas prendas, y hacían dulces exquisitos. Una delicia al paladar, los famosos dulces de “La Ligua”, un pueblito provinciano y tranquilo.

 

           Algunas mujeres criaban solas a sus hijos. Tal era el caso de nuestra protagonista, Sara Inés, mujer de mediana estatura, robusta, madre de tres niños. La mayor de ocho años, le seguía un varoncito de seis y otro de cuatro años. Ella de veintitrés y viuda, trabajaba tejiendo, se casó muy joven. Su primera hija la tuvo a los quince años; su esposo era diez años mayor y hacía tres que su esposo ya no estaba con ella. “Se lo llevó el señor”,  decía ella. Todavía sentía que lo amaba.

 

      El trabajó en una mina al interior de Salamanca, un pueblito cerca de la Cordillera de Los Andes, donde se pueden ver a los cóndores; aves majestuosas con sus enormes alas planeando, rasgando el frío viento de la cordillera. "Es maravilloso mi nena, si lo vieras, es maravilloso"... Y ella se los imaginaba. Él los veía cuando subía en el bus que los conducía a la mina, y se lo relataba a sus hijos en la tarde, cuando todos se juntaban junto al fogón a tomar mate en las frías noches de invierno. Recuerda como su esposo estiraba los brazos imitando a un cóndor volando, y sus hijos reían felices. Amaban mucho a su padre. "Ay Dios mío —suspira con mucha pena—. Porqué te lo llevaste, si era tan bueno mi Juan. Se tomaba sus traguitos, claro,  como casi todos los del pueblo. Pero mi Juan era re’ trabajador". Así pensaba Sara Inés. "¿Porqué, mi Dios tu sabes que lo necesitamos, porqué te lo llevaste?". Gruesas lágrimas surcaban su rostro.

 

      Desde que tenía uso de razón, se hacía preguntas. Su madre era una mujer muy buena, pero sin conocimiento. Jamás salió de valle hermoso, no fue a la escuela. Tenía muchos hermanos que cuidar. Por eso no podía contestar las preguntas que ella le hacía. Su padre, por otro lado,  casi vivía en la mina. Lo veía muy  poco. Cuando Sara Inés era niña,  fue a la escuela, aunque solo a la primaria.

 

      Conoció a Juan cuando solo tenía 14 años. Un primo que trabajaba en Salamanca, se lo presento. Se enamoraron y se casaron. Era un hombre responsable, se la llevo a Salamanca. Allí vivía con su suegra. Ella había perdido a su esposo en la mina, y Juan asumió el lugar de cabeza de familia antes de conocerla a ella. La vida había sido muy dura para su Juan. Trabajaba de niño, y maduró antes de tiempo. Ante sus recuerdos, Sara Inés levantó una plegaria a Dios: "Señor, me dijeron que esa era tu voluntad y tenemos que aceptarla. Pero yo me pregunto, ¿de veras que tu necesitabas a mi Juan allá en el cielo? Pero aquí también lo necesitamos. Mis padres son muy buenos, ellos me trajeron de Salamanca. Pero papá esta enfermo del pulmón, y ya no puede trabajar. Y mamá tiene artritis en sus manos de tanto lavar ajeno. Yo te pido mi Dios, que tengas compasión con mi familia y me digas porqué te llevas al cielo a las personas que necesitamos aquí. Dame las respuestas a mis preguntas por favor".

     En ese momento entra su hija a la habitación y la encuentra llorando, hincada al borde de la cama, como tantas veces la había visto. Sara Inés se incorporó pesadamente, tenía el corazón destrozado. Inconsolable, abrazó a su hija.

 

—¡Vamos, hijita! ve a buscar a tus hermanitos, y dile a mamá que voy a servir el almuerzo.

 

      Luego se dirigió a la cocina, puso la mesa y sirvió un plato. Lo puso en una bandeja. En un platillo puso un pan y junto a él, un vaso con jugo de limón y naranja. Lo levantó y se lo llevó a su padre. Estaba postrado en cama. Sujetando la bandeja con las dos manos, corrió la cortina que separaba la pieza del pasillo con el codo, y sonrió a su padre que leía una revista acostado. Al verla sonrió y se incorporó acomodándose para comer.

 

— Papito te ves mejor. Mañana tenemos que ir a la Ligua para que te vea el doctor. Te pondrás bien. Tienes que seguir con el tratamiento para que se te limpien los pulmones.

 

    Depositó suavemente la bandeja en sus rodillas. Le acomodó los almohadones. Amaba a su padre y lo atendía de corazón.

 

— Gracias hijita, que haríamos nosotros sin ti —dijo, estirando sus brazos con ademán de abrazarla.

 

 Así era su padre cariñoso. Le daba tanta pena verlo padecer. En la noche lo escuchaba toser más, rompiendo la quietud de la noche. En ese instante entró su madre a la pieza, con la intención de ayudarlo a comer, pero don Jacinto no la dejó.

 

— No mijita, si ya puedo comer solo —le sonrió agradecido. Con cariño amaba a sus mujeres.

 

Ellas lo amaban y cuidaban con amor, y no sólo por obligación. Él lo merecía. Tenía más hijos, pero se fueron al norte, en busca de trabajo. Solo le quedaba su hija y era la única mujer. Sus otros hijos eran varones.

En el velador tenía la Biblia abierta para ahuyentar a los malos espíritus, decía, y proteger a su familia. Claro que solo la conservaba como amuleto, porque nadie la leía.

 

     Al día siguiente, Sara Inés y Don Jacinto, salieron muy de mañana rumbo a la Ligua cuando aún era de noche para sacar turno. Se hallaban esperando como tantas personas que querían ser atendidos. Tanta gente, siempre estaba lleno el hospital. Más si era invierno.

 

     Don Jacinto puso atención a lo que una señora le conversaba a otra, y le pidió a su hija que pusiera atención también. La señora decía a su vecina de asiento:

 

— "Dios no es el causante de nuestras enfermedades ni de la muerte. Todo empezó en el jardín de Edén, cuando un ángel de Dios se hizo malo”. La mujer la interrumpió diciendo:

— “¿Cómo un ángel pudo hacerse malo? —le dijo mirándola dudosa, pues para ella todos los ángeles eran buenos.

— “Es porque Jehová a los ángeles también les dio libre albedrío, así como a nosotros. Y uno de esos ángeles permitió que malos deseos, anidaran en su corazón. Él se hizo malo así mismo, y es el causante directo, de los padecimientos del hombre.”

— ¿Y quién es ese ángel? —dijo Sarita sumándose a la conversación.

— “Ese ángel malo es Satanás  —respondió la mujer, invitando a Sarita a acercarse—.Veamos la Biblia. Se las leeré: Génesis 2:17 dice: "Pero en cuanto al árbol del conocimiento de lo bueno y lo malo, no debes comer de él, porque en el día que comas de él, positivamente morirás". Todos los ángeles estaban mirando cuando Dios creó la tierra. Entre ellos estaba ese ángel, y deseó que la pareja que Dios creó, lo adoraran a él. Por eso le mintió a Eva en el jardín de Edén, diciéndole que no morirían, sino que al comer del fruto iban a ser como Dios, conociendo lo bueno y lo malo. Está aquí, en Cap. 3:4,5. El diablo habló por medio de una serpiente, igual como lo haría un ventrílocuo, que hace parecer que habla un muñeco —Mostró con su mano haciendo como que hablaba.

 

— Entonces, ¿Dios creó al hombre para que muriera? —preguntó Sarita. La otra señora solo escuchaba.

 

— Al contrario. Si Dios mismo se lo advirtió. Recuerde que fue la desobediencia lo que le ocasionó la muerte. Ellos se rebelaron contra Jehová, decidiendo por sí mismos. Usaron mal su libre albedrío, y con eso acarrearon la muerte a todos, ya que Adán no censuró a Eva sino que sé unió a ella y comió del fruto prohibido. Jehová no puede mentir y fiel a su palabra condenó a Adán. En Romanos Cap. 5:12,17,19 dice: "Por medio de un solo hombre el pecado entró en el mundo, y la muerte por medio del pecado. Y así la muerte se extendió a todos los hombres porque todos habían pecado... por la ofensa del un solo hombre la muerte gobernó como rey... Por la desobediencia de un solo hombre muchos fueron constituidos pecadores."

 

— Pero, ¿dónde están los muertos? Mi esposo murió, y como era bueno yo creo que está en el cielo, y que desde allí él nos ve y nos cuida. En la noche converso con él —dijo Sarita. La señora la miró enternecida.

 

— Veamos mejor la Biblia —dijo la mujer—, ella como palabra de Dios, nos dirá en qué condición se encuentran nuestros seres queridos que han muerto. Ecl. Cap. 9:5 dice: "Los vivos están conscientes de que morirán; pero en cuanto a los muertos ellos no están conscientes de nada en absoluto.” En Sal.146:4 dice: "Sale su espíritu, él vuelve a su suelo; en ese día de veras perecen sus pensamientos". Eso quiere decir que ellos no se van ni al cielo ni al infierno. Simplemente vuelven al suelo, se hacen polvo.

 

 Sarita la mira con decepción. Ella prefiere creer que está en el cielo, no que se vuelve polvo.

 

— No se desanime —dijo la mujer al notar la cara de tristeza de Sarita—, y vea que Jehová es bueno. Es por eso que mandó a su propio hijo a la tierra, para que fuera sacrificado y con su preciosa sangre nos redimiera de la muerte. ¡Sí! No es una ilusión, es una realidad. Mire, veamos la Biblia. Juan 6:40 dice: "Porque ésta es la voluntad de mi padre: que todo el que contempla al hijo y ejerce fe en él, tenga vida eterna, y yo lo resucitaré en el ultimo día." ¿Se da cuenta que no es la voluntad de dios que muramos? Si fuera esa su voluntad no habría mandado a su hijo para ser sacrificado.

 

A Sarita se le iluminó el semblante. La otra señora se retiró, puesto que la llamaron a su turno. Su padre escuchaba en silencio. No se perdía nada de lo que decía la mujer, que era una Testigo de Jehová.

 

— ¿Usted quiere decir que yo podré ver vivo de nuevo a mi esposo, verdad?

— Yo no lo digo. Lo dice el libro divino —respondió la mujer—. Veamos lo que nos dice aquí, Juan 5: 28,29: "No se maravillen de esto, porque viene la hora en que todos los que están en las tumbas conmemorativas, oirán su voz (la de Jesús) y saldrán. Los que hicieron  cosas buenas, a una resurrección de vida, y los que practicaron cosas malas, a una resurrección de juicio.

 

— ¡Ay Dios mío! Casi no lo puedo creer —exclamó extasiada Sara Inés, tomándose la cara con ambas manos.  Admirada preguntó: —¿Cómo podré volverlo a ver?

 

— Aquí lo dice —responde la mujer abriendo nuevamente la Biblia— Juan 17:3 dice: "Esto significa vida eterna, el que estén adquiriendo conocimiento de ti, el único Dios verdadero, y de aquel a quien tú enviaste, Jesucristo."

— ¿Cómo puedo adquirir ese conocimiento? —preguntó interesada, Sarita.

— Si por favor, díganos cómo —dijo su padre, también entusiasmado.

 

La hermana espiritual lo miró complacida. Una señora, que se encontraba detrás de ellos, también quiso saber y dijo:

 

— “A mí se me murió un hijo de corta edad, y como esta señora, también pensé que Dios se lo había llevado. No sabe cómo me consuela saber que lo podré volver a ver —dijo mientras sus ojos se llenaron de lagrimas.

 

La señora Testigo de Jehová, abriendo su bolso saco un libro, y dijo emocionada y enternecida por esa gente que tenia hambre espiritual:

 

— Yo les puedo ayudar con la ayuda de este libro. Se llama "El conocimiento que conduce a vida eterna", editado por los Testigos de Jehová. O si gustan, podrán tener estudios con hermanos que vivan más cerca de sus casas, y así podrán asistir a las reuniones que se celebran. Así recibirán verdadero alimento espiritual.

 

— Nosotros vivimos en Valle Hermoso —dijo Sarita.  La otra señora dijo que vivía el “La Ligua”. Así es que se hicieron arreglos para ayudarlas.  Y ambas señoras y el caballero, recibieron estudios bíblicos y ayudaron a su familia a adquirir el conocimiento que conduce a vida eterna.

 

       Sarita, ya como testigo de Jehová, junto con sus padres, predican a otras personas, que como ellos antes, vivían en la ignorancia. Ahora tenía la esperanza segura de que volvería ver a su amado esposo. ¡Sí!  ¡Hay resurrección! ¡Hay un retorno!

 

 —FIN—

 

 Rosmeli Am.

16/04/06                                                       

 

 

PARA TÍ QUE TE PREPARAS
PARA TODA BUENA OBRA
QUE SIGUES LOS PASOS DE CRISTO
QUE POR AMOR TE ACERCAS AL PRÓJIMO
QUE REVINDICAS DÍA A DÍA EL NOMBRE DE JEHOVÁ.
-----------------------------------------
PARA TÍ QUE ATESORAS RIQUEZA ESPIRITUAL
QUE TE AFANAS POR HACER CONOCER
LOS PROPOCITOS DE JHA
QUE VIVES LA VERDAD
Y LUCHAS CONTRA SATANAS
POR LLEVAR ESTA OBRA ADELANTE
CON TOTAL LEALTAD.
-------------------------------------------
PARA TÍ QUE BUSCAS TODOS LOS CAMINOS
PARA LA PREDICACIÓN,
QUE HACES DEL MINISTERIO
TU MAYOR PROFESIÓN,
QUE CONFIAS EN JEHOVÁ
CON TODO TU CORAZÓN,
QUE TU TRABAJO ES SALVAR VIDAS
INCLUYENDO LA TUYA, HOY.
---------------------------------------
PARA TÍ HERMANO...
QUE CON AMOR SABES LLEGAR AL CORAZÓN
QUE ACUMULAS ANEGDOTAS Y EXPERIENCIAS...
...QUE SON EJEMPLO PARA NOSOTROS
...QUE NOS CONTAGIAN LOS DESEOS DE SER
SIERVOS DE TIEMPO COMPLETO
VIENDO TU ESFUERZO
Y EL AMOR QUE PONES A ESTA OBRA
QUE JESUS COMENZO.
----------------------------------
PARA TÍ ES ESTE ESCRITO
QUE SALE DE MI CORAZÓN
CON EL PROPOCITO DE HACERTE LLEGAR
MIS AGRADESIMIENTOS
Y MI ADMIRACIÓN
MIS GANAS DE DESIRTE...
... FELICITACIONES!!!
POR SER QUIEN SOS
POR DAR EL EJEMPLO DEL MEJOR CAMINO
QUE PODEMOS TOMAR COMO CRISTIANOS
POR INFUNDIR EN OTROS
EL DESEO Y EL GOZO
DE PONERNOS A DISPOSICIÓN DE JEHOVA DIOS
PARA SALVARNOS
Y SALVAR TANTAS OTRAS VIDAS
ANTES DEL TAN CERCANO DIA FINAL...
...ANTES DE ARMAGEDÓN.
                     
      Mariangeles

Nov.2009

 

Al llegar a tu puerta vi tus ojos
enrojecidos, y mustia tu frente,
y hasta algunas arrugas delatoras
muestran que envejeces prematuramente.

Tu historia es una más entre otras tantas,
tu sufrimiento es ya un común flagelo:
eres esposa y madre que se afana,
el salario no alcanza. Te comprendo.

Ahora levanta ese ánimo y escucha
pues traigo aquí un consuelo incomparable:
¿ves este libro? contiene las verdades
más elevadas e inconmensurables.
(Romanos 15: 4; Juan 17: 17)

Su autor es el Señor del Universo,
a quien nadie le puede discutir,
a quien nadie debiera cuestionar
pues es el Dios que no sabe mentir.
(1 Pedro 1: 20, 21; Tito 1: 2)

Jehová es su nombre, quiero que lo conozcas,
que aprendas a apoyarte en su verdad;
y si tú lo buscas solícitamente,
verás cómo Él se dejará encontrar.
(Isaías 42: 8; Hebreos 11: 6; Hechos 17: 27)

Aquí muestra el porqué de tantos ayes
que al mundo entero azotan sin piedad:
están marcando el fin de este sistema,
son voz de alerta para la humanidad.
(Revelación 12: 12; 6: 1-8; Lucas 21)

Nos promete un Paraíso, ya cercano,
donde la angustia nunca más será,
donde ya no tendrás que preocuparte
porque a tus hijos les faltase el pan.
(Revelación 21: 4; Salmos 72: 16)

Los hombres ya no aprenderán la guerra,
ni ante la enfermedad sucumbiremos,
Jehová se tragará hasta a la muerte,
la enemiga más terca que tenemos.
(Isaías 2: 4; 33: 24; 25: 8)

Busca a Dios mientras pueda ser hallado,
muy pronto ya se cerrarán sus puertas,
El destruirá a los que dañan la tierra,
los barrerá como a las hojas muertas.
(Isaías 55: 6; Revelación 11: 18)

Ajusta tu conducta a sus mandatos,
busca su Reino como al bien más caro,
toma tu parte en vindicar su Nombre,
y Él no habrá de dejarte sin amparo.
(Santiago 3: 13; Mateo 6: 33; Éxodo 9: 16; Hebreos 13: 5)

El que hoy yo esté aquí, ante tu puerta,
es para compartir esta esperanza.
Enjuga ya esas lágrimas, ¡sonríe!
...Yo volveré la próxima semana.
(Mateo 28: 19, 20)


Tesy Mopty

 

Marzo 2005

 

Rosmeli Am

 

En espiritu y en verdad

 

Abril 2006

Publicado por:

Escritores Teocráticos Ediciones

www.escritoresteocraticos.net

 

 

Autorización:

 

ESTÁ PERMITIDA la producción y difusión total o parcial de este cuento, su tratamiento informático, la transmisión de cualquier forma o de cualquier medio, ya sea electrónico, mecánico, por fotocopia, registro u otros métodos.

 

ESTÁ PROHIBIDA la comercialización de este cuento, o el cobro de dinero para recuperación de gastos de producción. Su distribución sólo se autoriza de forma gratuita.

 

En espíritu y en verdad

—Rosmeli Am—

    

          Esta es la historia,  de una niña llamada Maria Belén, que vivía junto a su madre en un pueblecito en la costa. Su padre una noche se fue a pescar, y nunca más lo volvió a ver. Todas las noches esperaba que volviera, y su querida mamita no se cansaba de prender velas. Escuchó que el cuerpo de su papito nunca apareció. Todas las noches sentía llorar a su mamita.

            La madre entró a trabajar como doméstica a la vuelta de su casa. Vivía sola con su hija. La patrona permitió que fuera con su hija a trabajar, dado que tenía una niña de la misma edad e iban juntas al mismo colegio. Le gustaba como era la hija de su empleada, más despierta y habilidosa que su propia hija. Y como siempre la comparaba, la hija de la patrona le empezó a tomar mala voluntad a la niña. Ella era grande y robusta y Maria Belén era, por lo contrario, pequeña y muy delgadita.

          Como la patrona de su mamá iba a tener otro bebé, Maria bordaba ropita para el bebito. Era muy obediente y tranquila. Siempre andaba haciendo preguntas, que la madre no podía responder, por su escaso estudio. Ella deseaba que mamá no llorase más. Rara vez sonreía, por eso siempre hacia gracias para hacerla reír. En el colegio le hacia lindos dibujos para ella. La adoraba.  Pensaba siempre que nada malo le sucedería porque tenia a su madre y ella la protegía. A su madre le pagaban mal y el dinero no le alcanzaba para llegar a fin de mes por eso,  esta vez no tenia nada, y ella sabía que su hija tenía hambre, aunque nunca le reprochaba nada. La llamó y pasándole un par de aritos le dijo:

          —Maribel –le dice su madre, como cariñosamente la llamaba–, anda donde doña lucha y pásale ésto, ella ya sabe. Te pasará un kilo de pan, que sean de manteca.

          Doña lucha era la dueña del almacén. Su madre tenía en casa muchas imágenes de diferentes santos. En el dormitorio había dos camas, y en la pared de la cabecera de cada cama, estaba la imagen de la virgen y en la otra la imagen de Jesús. Además de otras imágenes de santos. Le enseñó a hincarse y a rezar a las imágenes. A Maribel solo le gustaba Jesús, y a el le rezaba.

          Pasaron dos años. Maria Belén ya tenía nueve años. Su abuelo vino al pueblo  para llevárselas con él a la ciudad. Su madre estaba feliz, y muy alegre.  Y Maribel se sentía dichosa. Su madre la tomaba en brazos, la besaba, jugaba con ella, como cuando vivía su padre...

          Ven, ayúdame –le dijo su madre,  y sabiéndose a una silla, sacaba los cuadros con las imágenes con mucho cuidado, y ordenadamente las ponía en una caja.

          Llegaron a la ciudad. A Maria Belén le deslumbraron las luces de la ciudad. Nunca  había visto tantas luces. Cuando iban entrando a la ciudad y vio esas luces, le pareció que eran como un lindo vestido de lentejuelas muy brillante. Su corazoncito latía feliz de puro contenta,

          No conocían a nadie, y su abuelo como era pescador, se iba por meses a la mar, y las dejaba solas. Aprendió el oficio de costurera, para salir adelante. Su madre era una mujer muy luchadora. En el colegio del buen pastor, le daban almuerzo. Pero la niña no se lo podía comer, por que los frijoles tenían gorgojos, y sabían muy mal. Y la chuchoca tenía telas, y sabía mal.  Recibía reprimendas de las monjas, porque sólo se comía el pan.

          La madre pensaba que comía bien en la escuela. Las dos pasaban muchas necesidades. Cuando llegaba hambrienta del colegio, en casa solo había un frito de lechuga con una taza de té. Maria Belén se sentía muy débil, la madre la llevó al doctor.

          — “Su hija tiene Raquitismo y está desnutrida, también tiene sombra al pulmón –dijo el facultativo, mientras examinaba a la niña–. Tiene que sobre-alimentarla. Por ahora tiene que estar en reposo, esta muy débil. Tome esta  receta de remedios, pase por la farmacia y allí se los darán.”  Y acariciando la cabecita de la niña, dio por terminada la sesión.

          “Dios mío –pensó desalentada– ¿Porqué me pasan estas cosas a mí? Y no tengo ni para velas. Voy a ir donde esa animita milagrosa para que me ayude” –se decía sin pensar que Dios es el único que podía hacerlo.

          —Mamá, ¿Porqué si tenemos tantos santos siempre estamos mal? –preguntó la niña a su madre–. ¿Tú crees que nos escuchan, que nos cuidan?

          —Lo que pasa es que siempre hay que ponerles velitas, y yo no puedo hacerlo siempre –respondió su mamá–.  Hay que cumplir y nosotros somos muy pobres.

          —Si me sacas de la escuela, yo podría trabajar, cuidando niños y estaríamos mejor –dijo la niña con dificultad. Se ahogaba, y casi no podía hablar. Se cansaba mucho, por el esfuerzo.

          —Ni lo sueñes que te saque de la escuela –responde su madre–, tienes que seguir estudiando, mañana me consigo para las velitas y como es lunes, se las llevo a la animita, y verás cómo te mejoras pronto.

          —Mamá –dice la niña, preocupada–, una compañera me dijo que no se debía adorar imágenes, que solo debemos adorar a dios, no a los muertos. Me lo leyó de un libro que ella dice que es la palabra de Dios.

Su madre la miró intrigada...

          —Qué sabe ella –respondió. No le hagas caso.

          Prendió un cigarrillo, y se acerco a la ventana. La abrió un poco, se sentó para coser dándole la espalda a su hija. Maria Belén tosía. El humo le molestaba.

Golpearon a la puerta. Pensando que era una cliente, se levantó para abrir. Eran dos mujeres...

          — ¿Qué desean? –preguntó–. Estoy muy ocupada.

Sabía quienes eran. Siempre pasaban, nunca les prestó atención.

          —Somos testigos de Jehová y traemos buenas noticias –respondió una de las mujeres.

          —Lo siento les dije que no tengo tiempo, vengan otro día –respondió con desgano.

Iba a cerrar la puerta, cuando escuchó que su hija le decía levantando la voz:

          — ¡Mamá diles que pasen! ¡Que vengan!

          Era tal su insistencia, que su mamá las hizo pasar. Al entrar, vieron un cuadro patético... En la cama yacía  una niña delgadísima. La piel de su carita estaba pegada al hueso y respiraba con dificultad. La pieza olía a tabaco aunque la mamá lo había apagado. Vieron muchas imágenes pegadas en la pared. La madre les acerca dos sillas. Se sentaron. Se dieron cuenta que la madre estaba cosiendo. En el velador había remedios.

          —Hola. Me llamo Maria Belén, pero me dicen Maribel, –les sonrió.  Era una muchacha bonita de rostro, a pesar de su delgadez.

          —Yo me llamo Romina, y la hermana que me acompaña, se llama Luisa –dice tendiéndole su mano. Luego la besó. Lo mismo hizo la otra mujer.

          —El otro día mi compañera de colegio, me contó unas cosas, y yo quería saber si es verdad –dice María Belén incorporándose con dificultad–. Por eso le pedí a Dios que las mandara, por que mi amiga me dijo que lo hiciera, y Dios me escuchó.

          — ¡Si! eso es verdad. Dios siempre escucha las oraciones que se hacen de corazón. –dijo la mujer, mirando complacida a su compañera.

          — ¿Y ellos nos pueden escuchar también? –señaló a los santos de la pared.

          — ¡No! no pueden mirar. Ve lo que dice la santa Biblia –dice Romina–. ¿Leamos? Salmos 115:5-7. Dice: “Boca tienen, pero no pueden hablar; ojos tienen, pero no pueden ver; oídos tienen pero no pueden oír. Nariz tienen, pero no pueden oler. Manos son suyas, pero no pueden palpar. Pies son suyos, pero no pueden andar. No profieren sonido con su garganta.”

La mujer  terminó de leer y  haciendo una pausa las miró:

          —Eso es lo que dice la Biblia de las imágenes.

          —Yo tengo la imagen de San Pedro por que mi esposo era pescador y San Pedro es el patrono de los pescadores –dice la madre de María Belén, y tomando la imagen la besó.

          —Miren lo que dice el mismo apóstol, aquí en la Biblia –dice Romina–.  Está en .hechos 10:25,26.-(Biblia de Jerusalén) dice: "Cuando pedro entraba, salió Cornelio a su encuentro y cayó postrado a sus pies. Pedro le levantó diciéndole: "Levántate, que también yo soy un hombre."

          —Puesto que Pedro no aprobó tal clase de adoración cuando estuvo presente en persona, ¿nos animaría a arrodillarnos ante una imagen de Él? –pregunta Luisa, la otra mujer–. ¿Siendo que el mismo dijo a Cornelio que no hiciera eso? Y miren lo que un ángel le dijo a Juan aquí en revelación (Apocalipsis) 19:10: "Ante aquello, caí delante de sus pies para adorarlo. Pero me dice"¡Ten cuidado! ¡No hagas eso! Yo simplemente soy coesclavo tuyo y de tus hermanos que tienen la obra de dar testimonio de Jesús. Adora a Dios, por que el dar testimonio de Jesús es lo que inspira el profetizar" ¿Vieron? Un Ángel no permitió que lo adoraran, porque solo debemos adorar a Dios.

La madre se quedo pensativa y preguntó:

          —Pero ¿cómo entonces nos podemos hacer oír? Está tan lejos...

          —El tiene un mediador –responde Romina–. Leamos la Biblia. Juan 14:6,14.dice: “Jesús le dijo: Yo soy el camino y la verdad y la vida. Nadie viene al padre sino por mí. Si ustedes piden algo en mi nombre, lo haré." Jesús dice aquí claramente, que solo podemos acercarnos al padre por medio de él. Y que nuestras peticiones han de hacerse en el nombre de Jesús.

          —Si entiendo –responde la madre de María Belén–.  Ahí esta la estampita de Jesús ¿la ven? –la señala con el dedo.

          —Pero esa imagen no es Jesús –contesta Romina–. No hay ninguna foto de él. Ni siquiera un dibujo. Miren lo que dice Juan 4:23,24  dice: "Los adoradores verdaderos adorarán al padre en espíritu y en verdad. Porque así quiere el padre que sean los que le adoren. Dios es espíritu, y los que lo adoran, deben adorarle en espíritu y verdad.” Los que confían en las imágenes como ayuda no están adorando a Dios "en espíritu", sino que dependen de lo que pueden ver con los ojos físicos. En 2 de corintios.5:7bc nos   dice: "Por fe caminamos, no por vista". Espero que lo considere, y ore a Dios Jehová por ayuda. Él es el oidor de la oración, y por medio de Jesús nos podemos acercar a Dios. En Juan 6:40 dice: “Porque esta es la voluntad de mi padre: que todo el que contempla al hijo y ejerce fe en el, tenga vida eterna, y yo lo resucitare en el ultimo día.

          —Si yo muero, ¿podré volver a vivir? –inquirió Maria Belén, esperanzada. Claro, no pensaba morirse.

          —Por supuesto pero no morirás. Tienes que mejorarte para llevarte a la congregación, y aprender más de nuestro amoroso Padre celestial. –Romina la abraza con ternura y le sonríe.

          — ¿Tu iras conmigo mamita? –estirando su manito tomó la de su madre a un lado de la cama.

          —Si mi hijita iremos. Quiero saber muchas cosas. Me gustaría saber cuánto cobran por los estudios –dice su madre, mirando a las mujeres interrogativamente.

          —Nada. Son gratis –responde Romina–. Jesús dijo: "recibieron gratis, den gratis. Podemos empezar el estudio cuando usted lo desee. Gustosamente le ayudaremos.

          —No tengo Biblia –dice tímidamente la madre.  La otra mujer saca de su bolso un lindo libro, bellamente ilustrado. Se lo pasa a Maria Belén, y le pregunta:

          — ¿Te gusta? Mira qué lindo es –dice con dulzura–. Con este libro te haremos estudio a ti. Así conocerás mejor a Jesús. Este libro se llama "Aprendamos del gran maestro".

          —Es lindo me gusta –responde la niña con entusiasmo, aceptando el libro–. ¿Me puedo quedar con el?

Ante el gesto afirmativo de Romina, su carita se iluminó de puro contenta.

          —Cuando te mejores empezáremos un estudio con este libro —reafirma Luisa–. Es un regalo, cuídalo, es tuyo.

          —Entonces vendremos cuando estés mejor –agrega Romina–, para que no te canses tanto. Mientras, lo puedes leer con tu mamita. A ella también le traeremos uno, como ayuda para estudiar la Biblia.

          — ¿Yo puedo empezar mañana? –preguntó la madre de la niña.

          —Si, encantada. Mañana vendremos.

          —A mí también, por favor. ¿Puede ser mañana? –dijo casi suplicando la niña–. Así me mejorare más luego –a lo que las dos mujeres asintieron.  Preguntaron qué era lo que tenía la niña, y la mamá les contó lo que pasaba. Sintieron mucha pena las dos. Prometieron volver luego, y se despidieron emocionadas.

          Al mismo día siguiente, fueron a verlas, y les llevaron mercadería que por unos días las ayudarían.  Entre las dos se comprometieron en ayudar a la niña, y le dijeron a la madre, que tratara de dejar de fumar, pues el tabaco le hacia muy mal a Maribel. La madre se esforzó, y al poco tiempo ya no fumaba, y su casa llegó a estar limpia de la adoración falsa. Asistía a todas las reuniones. Estaba más capacitada para trabajar. Su hijita mejoró, y ya no estaban solas.  Tenían muchos hermanos amorosos que las cuidaban. Formaban una gran familia. Finalmente las dos se bautizaron, dedicando su vida a servir a Jehová y a ayudar al prójimo, así como las ayudaron a ellas. Revelación (Apocalipsis) 21:4 Dice: "Y limpiara toda lagrima de sus ojos, y la muerte no será más, ni existirá ya mas lamento, ni clamor, ni dolor. Las cosas anteriores han pasado".

 

FIN

27/03/05

 

 

No precisaba visa esa frontera,

No era por ver tierra distante,

Ni fue buscando una quimera,

Tampoco por tener alma viajante,

Que algunos darán el paso adelante.


La invitación voz angelical tenia,

¡Pasa a Macedonia! Dijo el mensajero,

Nuevo sonido tendrá ahora tu alegría,

Y sigue poniendo el Reino lo primero,

Usa la nueva herramienta con esmero.


Buenas nuevas, con otra voz sonaran,

Y en viendo sus miradas asombradas,

Regocijo y gozo en ti aumentaran,

¿Por qué mi lengua tu a mi me hablas,

Y una nueva esperanza me declaras?


Por del Buen Dios y su mensaje hablarte,

Para que aquí, en tierra extraña su voz oigas,

Con el idioma maternal a Él acercarte,

Es el sonido que en el corazón recuerdas,

De ternuras pasadas allí tú lo guardas.


El viaje es corto, solo un pasito,

De una puerta a otra es la distancia,

Mas el recorrido verdadero es infinito,

A una vida que de esperanza esta vacía,

Puede llegar, si la acepta, una eterna alegría.


A todos los que han pasado a Macedonia, sin salir de su país.

Debora

 

 

Después de haber recibido un sí por respuesta,
nervioso te sientes al pensar en golpear la primera puerta.
Te apoyas en tu compañero que te trata de tranquilizar,
pero tu emoción por testificar te hace vacilar.

Con todo te animas a hablar,
tus labios tiemblan y tu rostro comienza a sudar.
Sacas de tu bolso aquella revista que preparaste.
Te alegras de que aquella persona haya sido amable.

Ahora que ha terminado el grupo,
descansas tranquilo de saber que cumpliste lo tuyo.
Que con tu presencia alegraste al Creador.
Descubres el gozo de realizar tu labor.

Sientete alegre de participar en esta obra.
En cada puerta que toques, el ánimo recobra.
Recuerda que no estas solo en esto.
Jehová te dará siempre su espiritu santo.

 

Es tiempo de apurar la siega en los  campos

El trigo en flor se remece con el viento del sur

 

La violencia de la tierra presagia tormenta

Aguacero y granizo de muerte vienen desde el norte

El tiempo se acaba, el tiempo de espera llega a su final.

 

Los toros impetuosos y las vacas de Bazán no serán recogidos

Relinchen potrillos desbocados, pues su fin se acerca, ya está aquí.

Todos ustedes, los que apartan su oído del Poderoso, y sus pasos de Jah.

Los que abandonan vergonzosamente el rebaño santo, machos cabríos

 

Oh, amados de Jehová, apuren la rebusca entre las cabras, en la noche.

Se acaba el tiempo para recoger al rebaño del Amo en el aprisco

¿No es tiempo de apurar la siega en los campos desolados?

No descansen su mano, ni miren el surco que queda atrás

 

La noche perece entre estertores, anunciando el alba victoriosa.

                             José Santos

                             Nov. 2011

 
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