¿Por qué vas para abajo
como si todos tuviéramos la culpa?
¿Se te ha marchitado acaso el corazón?
¿Te lo hemos rasgado en mil pedazos?
Nunca quisiste soltar esos acordes
que estaban atrapados en tu mente,
será que entonces compramos el fracaso
o lo inventamos mirando hacia el ocaso.
Quisiera dominar tu amargura
y entonces reemplazarla por dulzura.
Sin embargo, no siempre queda espacio
hasta que pueda romper este quebranto,
es ahora preciso desarmarlo
como hacen las flores sin encanto
Y reavivarla, reavivarla hasta el cansancio
y sin demora lucirlos desde lo alto
para más nunca volver a deslustrarlo.
Tomás Hidalgo
