Martes, Febrero 07, 2012
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Abril 2006

 

Rosmeli Am

 

El Retorno

 

Octubre 2008

Publicado por:

Escritores Teocráticos Ediciones

www.escritoresteocraticos.net

 

 

Autorización:

 

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ESTÁ PROHIBIDA la comercialización de este cuento, o el cobro de dinero para recuperación de gastos de producción. Su distribución sólo se autoriza de forma gratuita.

 

—El retorno—

–Cuento–

 

Rosmeli Am

 

 

            Madre e hijos vivían en una vieja casita de adobe en Valle Hermoso, donde se podían ver flores aún en invierno. Era un lugar privilegiado, donde todos se conocían. Sus mujeres trabajadoras, tejían maravillosas prendas, y hacían dulces exquisitos. Una delicia al paladar, los famosos dulces de “La Ligua”, un pueblito provinciano y tranquilo.

 

           Algunas mujeres criaban solas a sus hijos. Tal era el caso de nuestra protagonista, Sara Inés, mujer de mediana estatura, robusta, madre de tres niños. La mayor de ocho años, le seguía un varoncito de seis y otro de cuatro años. Ella de veintitrés y viuda, trabajaba tejiendo, se casó muy joven. Su primera hija la tuvo a los quince años; su esposo era diez años mayor y hacía tres que su esposo ya no estaba con ella. “Se lo llevó el señor”,  decía ella. Todavía sentía que lo amaba.

 

      El trabajó en una mina al interior de Salamanca, un pueblito cerca de la Cordillera de Los Andes, donde se pueden ver a los cóndores; aves majestuosas con sus enormes alas planeando, rasgando el frío viento de la cordillera. "Es maravilloso mi nena, si lo vieras, es maravilloso"... Y ella se los imaginaba. Él los veía cuando subía en el bus que los conducía a la mina, y se lo relataba a sus hijos en la tarde, cuando todos se juntaban junto al fogón a tomar mate en las frías noches de invierno. Recuerda como su esposo estiraba los brazos imitando a un cóndor volando, y sus hijos reían felices. Amaban mucho a su padre. "Ay Dios mío —suspira con mucha pena—. Porqué te lo llevaste, si era tan bueno mi Juan. Se tomaba sus traguitos, claro,  como casi todos los del pueblo. Pero mi Juan era re’ trabajador". Así pensaba Sara Inés. "¿Porqué, mi Dios tu sabes que lo necesitamos, porqué te lo llevaste?". Gruesas lágrimas surcaban su rostro.

 

      Desde que tenía uso de razón, se hacía preguntas. Su madre era una mujer muy buena, pero sin conocimiento. Jamás salió de valle hermoso, no fue a la escuela. Tenía muchos hermanos que cuidar. Por eso no podía contestar las preguntas que ella le hacía. Su padre, por otro lado,  casi vivía en la mina. Lo veía muy  poco. Cuando Sara Inés era niña,  fue a la escuela, aunque solo a la primaria.

 

      Conoció a Juan cuando solo tenía 14 años. Un primo que trabajaba en Salamanca, se lo presento. Se enamoraron y se casaron. Era un hombre responsable, se la llevo a Salamanca. Allí vivía con su suegra. Ella había perdido a su esposo en la mina, y Juan asumió el lugar de cabeza de familia antes de conocerla a ella. La vida había sido muy dura para su Juan. Trabajaba de niño, y maduró antes de tiempo. Ante sus recuerdos, Sara Inés levantó una plegaria a Dios: "Señor, me dijeron que esa era tu voluntad y tenemos que aceptarla. Pero yo me pregunto, ¿de veras que tu necesitabas a mi Juan allá en el cielo? Pero aquí también lo necesitamos. Mis padres son muy buenos, ellos me trajeron de Salamanca. Pero papá esta enfermo del pulmón, y ya no puede trabajar. Y mamá tiene artritis en sus manos de tanto lavar ajeno. Yo te pido mi Dios, que tengas compasión con mi familia y me digas porqué te llevas al cielo a las personas que necesitamos aquí. Dame las respuestas a mis preguntas por favor".

     En ese momento entra su hija a la habitación y la encuentra llorando, hincada al borde de la cama, como tantas veces la había visto. Sara Inés se incorporó pesadamente, tenía el corazón destrozado. Inconsolable, abrazó a su hija.

 

—¡Vamos, hijita! ve a buscar a tus hermanitos, y dile a mamá que voy a servir el almuerzo.

 

      Luego se dirigió a la cocina, puso la mesa y sirvió un plato. Lo puso en una bandeja. En un platillo puso un pan y junto a él, un vaso con jugo de limón y naranja. Lo levantó y se lo llevó a su padre. Estaba postrado en cama. Sujetando la bandeja con las dos manos, corrió la cortina que separaba la pieza del pasillo con el codo, y sonrió a su padre que leía una revista acostado. Al verla sonrió y se incorporó acomodándose para comer.

 

— Papito te ves mejor. Mañana tenemos que ir a la Ligua para que te vea el doctor. Te pondrás bien. Tienes que seguir con el tratamiento para que se te limpien los pulmones.

 

    Depositó suavemente la bandeja en sus rodillas. Le acomodó los almohadones. Amaba a su padre y lo atendía de corazón.

 

— Gracias hijita, que haríamos nosotros sin ti —dijo, estirando sus brazos con ademán de abrazarla.

 

 Así era su padre cariñoso. Le daba tanta pena verlo padecer. En la noche lo escuchaba toser más, rompiendo la quietud de la noche. En ese instante entró su madre a la pieza, con la intención de ayudarlo a comer, pero don Jacinto no la dejó.

 

— No mijita, si ya puedo comer solo —le sonrió agradecido. Con cariño amaba a sus mujeres.

 

Ellas lo amaban y cuidaban con amor, y no sólo por obligación. Él lo merecía. Tenía más hijos, pero se fueron al norte, en busca de trabajo. Solo le quedaba su hija y era la única mujer. Sus otros hijos eran varones.

En el velador tenía la Biblia abierta para ahuyentar a los malos espíritus, decía, y proteger a su familia. Claro que solo la conservaba como amuleto, porque nadie la leía.

 

     Al día siguiente, Sara Inés y Don Jacinto, salieron muy de mañana rumbo a la Ligua cuando aún era de noche para sacar turno. Se hallaban esperando como tantas personas que querían ser atendidos. Tanta gente, siempre estaba lleno el hospital. Más si era invierno.

 

     Don Jacinto puso atención a lo que una señora le conversaba a otra, y le pidió a su hija que pusiera atención también. La señora decía a su vecina de asiento:

 

— "Dios no es el causante de nuestras enfermedades ni de la muerte. Todo empezó en el jardín de Edén, cuando un ángel de Dios se hizo malo”. La mujer la interrumpió diciendo:

— “¿Cómo un ángel pudo hacerse malo? —le dijo mirándola dudosa, pues para ella todos los ángeles eran buenos.

— “Es porque Jehová a los ángeles también les dio libre albedrío, así como a nosotros. Y uno de esos ángeles permitió que malos deseos, anidaran en su corazón. Él se hizo malo así mismo, y es el causante directo, de los padecimientos del hombre.”

— ¿Y quién es ese ángel? —dijo Sarita sumándose a la conversación.

— “Ese ángel malo es Satanás  —respondió la mujer, invitando a Sarita a acercarse—.Veamos la Biblia. Se las leeré: Génesis 2:17 dice: "Pero en cuanto al árbol del conocimiento de lo bueno y lo malo, no debes comer de él, porque en el día que comas de él, positivamente morirás". Todos los ángeles estaban mirando cuando Dios creó la tierra. Entre ellos estaba ese ángel, y deseó que la pareja que Dios creó, lo adoraran a él. Por eso le mintió a Eva en el jardín de Edén, diciéndole que no morirían, sino que al comer del fruto iban a ser como Dios, conociendo lo bueno y lo malo. Está aquí, en Cap. 3:4,5. El diablo habló por medio de una serpiente, igual como lo haría un ventrílocuo, que hace parecer que habla un muñeco —Mostró con su mano haciendo como que hablaba.

 

— Entonces, ¿Dios creó al hombre para que muriera? —preguntó Sarita. La otra señora solo escuchaba.

 

— Al contrario. Si Dios mismo se lo advirtió. Recuerde que fue la desobediencia lo que le ocasionó la muerte. Ellos se rebelaron contra Jehová, decidiendo por sí mismos. Usaron mal su libre albedrío, y con eso acarrearon la muerte a todos, ya que Adán no censuró a Eva sino que sé unió a ella y comió del fruto prohibido. Jehová no puede mentir y fiel a su palabra condenó a Adán. En Romanos Cap. 5:12,17,19 dice: "Por medio de un solo hombre el pecado entró en el mundo, y la muerte por medio del pecado. Y así la muerte se extendió a todos los hombres porque todos habían pecado... por la ofensa del un solo hombre la muerte gobernó como rey... Por la desobediencia de un solo hombre muchos fueron constituidos pecadores."

 

— Pero, ¿dónde están los muertos? Mi esposo murió, y como era bueno yo creo que está en el cielo, y que desde allí él nos ve y nos cuida. En la noche converso con él —dijo Sarita. La señora la miró enternecida.

 

— Veamos mejor la Biblia —dijo la mujer—, ella como palabra de Dios, nos dirá en qué condición se encuentran nuestros seres queridos que han muerto. Ecl. Cap. 9:5 dice: "Los vivos están conscientes de que morirán; pero en cuanto a los muertos ellos no están conscientes de nada en absoluto.” En Sal.146:4 dice: "Sale su espíritu, él vuelve a su suelo; en ese día de veras perecen sus pensamientos". Eso quiere decir que ellos no se van ni al cielo ni al infierno. Simplemente vuelven al suelo, se hacen polvo.

 

 Sarita la mira con decepción. Ella prefiere creer que está en el cielo, no que se vuelve polvo.

 

— No se desanime —dijo la mujer al notar la cara de tristeza de Sarita—, y vea que Jehová es bueno. Es por eso que mandó a su propio hijo a la tierra, para que fuera sacrificado y con su preciosa sangre nos redimiera de la muerte. ¡Sí! No es una ilusión, es una realidad. Mire, veamos la Biblia. Juan 6:40 dice: "Porque ésta es la voluntad de mi padre: que todo el que contempla al hijo y ejerce fe en él, tenga vida eterna, y yo lo resucitaré en el ultimo día." ¿Se da cuenta que no es la voluntad de dios que muramos? Si fuera esa su voluntad no habría mandado a su hijo para ser sacrificado.

 

A Sarita se le iluminó el semblante. La otra señora se retiró, puesto que la llamaron a su turno. Su padre escuchaba en silencio. No se perdía nada de lo que decía la mujer, que era una Testigo de Jehová.

 

— ¿Usted quiere decir que yo podré ver vivo de nuevo a mi esposo, verdad?

— Yo no lo digo. Lo dice el libro divino —respondió la mujer—. Veamos lo que nos dice aquí, Juan 5: 28,29: "No se maravillen de esto, porque viene la hora en que todos los que están en las tumbas conmemorativas, oirán su voz (la de Jesús) y saldrán. Los que hicieron  cosas buenas, a una resurrección de vida, y los que practicaron cosas malas, a una resurrección de juicio.

 

— ¡Ay Dios mío! Casi no lo puedo creer —exclamó extasiada Sara Inés, tomándose la cara con ambas manos.  Admirada preguntó: —¿Cómo podré volverlo a ver?

 

— Aquí lo dice —responde la mujer abriendo nuevamente la Biblia— Juan 17:3 dice: "Esto significa vida eterna, el que estén adquiriendo conocimiento de ti, el único Dios verdadero, y de aquel a quien tú enviaste, Jesucristo."

— ¿Cómo puedo adquirir ese conocimiento? —preguntó interesada, Sarita.

— Si por favor, díganos cómo —dijo su padre, también entusiasmado.

 

La hermana espiritual lo miró complacida. Una señora, que se encontraba detrás de ellos, también quiso saber y dijo:

 

— “A mí se me murió un hijo de corta edad, y como esta señora, también pensé que Dios se lo había llevado. No sabe cómo me consuela saber que lo podré volver a ver —dijo mientras sus ojos se llenaron de lagrimas.

 

La señora Testigo de Jehová, abriendo su bolso saco un libro, y dijo emocionada y enternecida por esa gente que tenia hambre espiritual:

 

— Yo les puedo ayudar con la ayuda de este libro. Se llama "El conocimiento que conduce a vida eterna", editado por los Testigos de Jehová. O si gustan, podrán tener estudios con hermanos que vivan más cerca de sus casas, y así podrán asistir a las reuniones que se celebran. Así recibirán verdadero alimento espiritual.

 

— Nosotros vivimos en Valle Hermoso —dijo Sarita.  La otra señora dijo que vivía el “La Ligua”. Así es que se hicieron arreglos para ayudarlas.  Y ambas señoras y el caballero, recibieron estudios bíblicos y ayudaron a su familia a adquirir el conocimiento que conduce a vida eterna.

 

       Sarita, ya como testigo de Jehová, junto con sus padres, predican a otras personas, que como ellos antes, vivían en la ignorancia. Ahora tenía la esperanza segura de que volvería ver a su amado esposo. ¡Sí!  ¡Hay resurrección! ¡Hay un retorno!

 

 —FIN—

 

 Rosmeli Am.

16/04/06                                                       

 

 

       Atravesé la colina. Agitada por mis pasos presurosos, llegué al enorme jardín azul como así lo llamaban todos sus residentes. Estaba invitada a un almuerzo, una ocasión importante que habían preparado nada menos que Juan  el bautizante  y Zacarías leal padre. La mesa tenía forma de T. Cada una de sus partes medía aproximadamente ochenta metros. Dimensiones dignas de recibir sobre un impecable mantel de encaje blanco, a unos cuantos personajes de la antigüedad.  Se agolparon las preguntas en mi boca. Busqué donde sentarme y elegí hacerlo entre Raquel y Rebeca para preguntarles cuan grande fue el amor que sintieron por sus esposos y que singular estrategia habían utilizado para enamorarlos tan perdidamente. Como la respuesta no llegó seguí caminando. Al pasar junto a la viuda de Sarepta le pregunté si ella había amasado esa enorme cantidad de panecillos redondos. Sonriendo, asintió con su cabeza y señalando a Sara, me dijo al oído que los había hecho con su ayuda y su toque de distinción culinario.
       Todas las conversaciones se mezclaban: Sansón y Samuel hablaban del nazareato. Noe de las tablas que tuvo que construir para registrar a los predicados y Jonás narraba que su estancia dentro del vientre del pez fue como estar en un paraíso flotante. En un extremo de la mesa, Jacob y Esau se abrazaban emocionados; se reían de sí mismos porque se les había asignado justamente a ellos dos, la preparación del gigante guisado de lentejas que se hallaba sobre un conjunto enorme de brasas, junto a la mesa.
       Sin dejar de admirar cada detalle, me propuse averiguar quién era el orfebre que se había tomado el monumental trabajo de fabricar y tallar los más de trescientos vasos de plata que adornaban la mesa. Benjamín. me dijeron. De inmediato vino a mi mente la trampa de José; no podía parar de reírme... Decenas de rostros desconocidos que también estaban sentados a la mesa, me miraban con curiosidad. Había rostros lozanos y puros con ojos asombrados y felices de estar en el paraíso recobrado. Había hombres fuertes, hombres frágiles, mujeres exquisitas, otras vigorosas... Gente de aquí y de allá. Gente de mi barrio que me sorprendió gratamente y gente que parecía haber dejado atrás su ego y su orgullo. También mi gente, dueña de mi corazón: mis hijos, mis nietos, mi hermano, mi padre y... también... también, ¡mi mama! Comencé a observarla y caminé hacia ella. Parecía poco interesada en el almuerzo, pero sus manos veloces tejían abrigos y bufandas para todos los residentes de esta tierra luminosa. Busqué un lugarcito a su lado y al verme, entre lágrimas y sonrisas, me miró con su acostumbrada fijeza y me dijo: siempre supe que me decías la verdad, a pesar de lo mucho que te hice renegar cuando me dabas las clases bíblicas. Le respondí con calma que las últimas palabras que habían salido de mi boca para ella, fueron que JEHOVÁ jamás la abandonaría. Y no lo hizo.
        Ambas formamos parte ahora, de una familia como la que nunca tuvimos, porque en el viejo sistema de cosas, vaya a saber uno por qué  causa, nunca estuvimos realmente juntos. Vivíamos juntos pero solos. Cada uno en su mundo... amándonos... sin conocernos.
        Por eso en ese instante, agradecí infinitamente los sagrados arreglos de JEHOVA y su   REY  entronizado, JESUCRISTO: el nuevo mundo, la nueva gente, la resurrección y en lo que a mí respecta, el hallazgo de una familia definitivamente unida, para disfrutar de las gloriosas bendiciones de JEHOVÁ... como ésta... la de disfrutar de una maravillosa mesa servida en el paraíso recobrado.


        Dedicado a todos mis hermanos,

    BEATRIZ DONATO 
      Octubre 2009

 

Cuando nos volvamos a ver, dentro de poco o mucho tiempo
Veras, será todo diferente, que parecerá como un lejano cuento
Yo sé que tu duermes el sueño profundo, pero sé que no es eterno
Seguiré viviendo llevando la nostalgia de tu ausencia y recuerdo
Pero esperando con ansiedad y alegría el momento del reencuentro

Sé de lo imposible que es verte o escuchar tu charla interminable
Y un dolor me cruza el pecho y llena mis ojos de lágrimas impotentes
Que solo el recuerdo de travesuras cuando niños logra aliviarme
Quizás llore o quizás ría cuando en familia se evoque tu nombre
Pero por más que pase el tiempo siempre te tendré presente

Aunque tú no puedas verme, ni escucharme, esto es lo que prometo
Te voy a estar esperando con la alegría hecha llanto y los brazos abiertos
Para mostrarte ese nuevo mundo que alguna vez los dos hablamos
Hermana, sé que larga me parecerá la espera, por que ansío tu regreso
Pero cuando Jehová  te despierte y te levantes de ese profundo sueño,

viviremos eternamente, ya lo veras; te voy a estar esperando lo prometo
Hablaremos largamente para cubrir todas estas horas de silencio
Cuando nos volvamos a ver, dentro de poco o mucho tiempo
Verás, será todo diferente, que parecerá como un lejano cuento
Yo sé que tu duermes el sueño profundo, pero sé que no es eterno.

Fernando Camino

10/2011

 

Te dormiste. Tu pelea ha concluido;
fue muy larga y dolorosa la contienda
pero el cangrejo maldito te ha vencido.

Confiaba en que este día no nos llegara nunca,
que no fueras el tema de mis versos más tristes,
que el fin de este sistema fuera el fin de tu lucha,
que jamás estas líneas llegaran a escribirse.
Pero te abrió sus puertas el Seol inexorable
esta aciaga mañana, soleada pero fría,
y siento la amargura de que no pude darte
un apretón de manos en esta despedida.

Sé que Jehová tu aliento ha recibido
y en su amorosa memoria te ha guardado;
sé que también llegará el día predicho
en que despertarás en cuerpo fuerte y sano;
que no habrá en tus entrañas ningún mal corrosivo.
La esperanza es confiable y es segura,
pero el nudo en mi garganta no desata,
y tampoco mis lágrimas enjuga...

...Porque eras joven y amabas la vida
y la muerte nos duele aunque sepamos
que ya está condenada y que será vencida.
La muerte da sus últimos zarpazos asesinos,
es una despreciable y voraz depredadora
que en ti cumplió con su siniestro cometido.

Ahora cierro los ojos al momento presente
porque el dolor que siento se torna insoportable;
y viajo hasta el futuro buscando con la mente
imágenes felices que puedan consolarme:
La música suena... el telón se agita...
Es el escenario sin par del Edén,
y allí estás, luciendo tu bella sonrisa
mientras tus pies ágiles danzan otra vez.


T e s y   M o p t y

 

Hoy el día amaneció con un brillo especial en el sol, aunque puse un cuidado especial en mi arreglo no se porque razón elimine del atuendo mis zapatos, tengo una cita muy especial por largo tiempo esperada, es curioso, en mi imaginación he ensayado miles de veces cuales serian mis primeras palabras, que le diría tras tan larga separación, pero en este momento cuando ya ha llegado el día, toda mi mente es una hoja en blanco, solo impera en ella una alegría inconmensurable.

Estoy avanzando lentamente, el suelo que mis descalzos pies pisan es de un césped tan suave que más parece una alfombra de terciopelo verde esmeralda,.Aquí y allá unos parterres de flores de colores variados le dan una pincelada alegre al paisaje, los rodean unos setos tan pulcramente recortados que no parece obra de manos humanas.

A lo largo del trayecto, de tramo en tramo, hay árboles frutales de muy variadas clases, no necesito comprobar si tiene frutos, ellos dan cosechas de continuo, en realidad una por mes, a su sombra se pueden ver algunos cómodos asientos de madera hermosamente labrada, adecuados para descansar mientras los paseantes saborean algunas delas frutas tomadas de los árboles.

El lugar se encuentra amenizado por los trinos de las más variadas aves, que buscan refugio entre la ramas,, unos suenan armoniosos, y otros como los del gorrión alegres y un tanto alborotados.

De vez en cuando, percibo casi sin verlos el movimiento de algunos animalitos, traviesas ardillas en las ramas, la rápida carrera de algún ratoncito de campo, incluso las enhiestas orejas de un blanco conejo que me mira con curiosidad, pero sin ningún temor a alguna distancia.

Es curioso aunque mis sentidos, ya muy agudizados por el tiempo transcurrido desde la entrada en el Nuevo Mundo, perciben todo con claridad todas estas cosas, es solo de forma inconsciente, es tal como si una inmensa pompa de jabón me envolviera, aislándome del entorno.

Aunque ni por un instante alguna sombra de duda se asomara a la mente, ni al corazón, ello no ha hecho menos largo el tiempo de espera.

Todavía puedo sentir el desenfrenado galope que emprendió el corazón al recibir la ansiada notificación

 

“Se le comunica que se persone en el lugar, día y hora que abajo se anota, para dar recibimiento tras su resurrección al que en el viejo mundo fuera su padre.

 Compartiendo con usted el gozo de ese momento sus hermanos del Comité de Resurrecciones.”

 

Débora.

 

¿Verdad que en el  Paraïso
te has visto un día
y todo lo que viste
fue de alegría?
Corriste los senderos
cantando a pleno…
Alabaste a Jehová
¡Por ser TAN  bueno!

¿Viste casas bonitas?
¿cuál elegiste?
¿en forma  de  castillo?
¿tal vez más simple?
¿una linda terraza?
¿balcón florido?
¿cabañita de troncos
entre dos ríos?

Si hubiese sido tú…
yo escogería
arriba, en la montaña,
como un altillo,
con una ventanita
que abriendo al cielo
un huerto me mostrara
variado y fresco,
con frutas y verduras,
y  POR MI hecho

Con manos fuertes y hábiles
que hoy ya no tengo,
pero recuperadas,
y sin resecos.

De allí te miraría
hermano bueno,
y te saludaría:
“Hola, qué bello”
¡Mira qué lindo día!
¡Todo es tan pleno
que de tanta hermosura
revienta el pecho!

Y tú…me sonreirías,
Vendrías corriendo…
¡yo llena de energía
saldría a tu encuentro,
para darte un abrazo,
decir “te quiero”!
Y de pronto sentir…:
¡no puedo hacerlo!
porque alguien se me cruza…
¿quién es? ¿qué veo?

¿Qué ven mis ojos, Dios?
¿es  esto cierto?
¿no es esta mi mamita
la que había muerto
un día siendo yo joven
dejando un hueco
en esta vida mía
de sufrimientos?
¡Qué cuánto la extrañé
cuando los años
me vieron oportunos
reír de nuevo,
ver crecer a mis hijas,
tener mis nietos…

¡Mira, mamita linda,
¡te los presento!
Ellos son de tu sangre…
bla, bla, bla, … bueno…
¡qué diálogo tan largo,
ya ni me acuerdo
que salí a saludar
mi hermano bueno

¿Y dónde se me fue?
ya no lo encuentro…
¡Ah,sí, allá lo veo,
Y también abrazado
con sus reencuentros!
¡Dejémosle que goce
con todos ellos!

¿Verdad que en el Paraíso
te has visto un día
y todo lo que viste
fue de alegría?

Todo esto no es un sueño,
y si lo es ahora
pues no es un espejismo.
Viene la hora
que tanto imaginamos
desde que un día
la  Verdad conocimos:
La Palabra: la Biblia.

Esto es sólo una muestra
que se imagina
en nuestros pensamientos,
de ¡tanta  dicha!
que esperamos ver pronto
real, activa,

¡Cuando  todo sea eterno!
¡cuando todo sea vida!
¡cuando no haya presencias
que hablen, despectivas,
de Nuestro Creador, de Su Soberanía,
y ese cruel Satanás
quede sin argumentos
¡Porque EL REINO DE DIOS
no habrá  sido Mentira!

Norma Santalla
26/09/11

 

El ocaso de sus vidas ha llegado, oh Jehová
Sus fuerzas les han abandonado, se han ido,
pero sus ojos siguen vueltos llenos de fe hacia ti.
Solo pueden entregarte sus corazones y una oración

Suspiros y mendrugos de actividad por el Reino,
pequeños sacrificios derramados con humildad
Tú no los rechazarás oh Jehová, no lo harás oh Jah
Sus caminos de antaño siempre están frente a ti.

Tu hermoso corazón apreciativo no los olvida
Son metales preciosos a tus ojos, sí, diamantes
Sus cabellos canos, nieve copiosa sobre montañas
y sus muchas arrugas, cauces de fidelidad y amor.

Sus manos viejas y trémulas te buscan en el aire,
te encuentran entre sus pensamientos confusos
cierran sus ojos y reciben en su frente tu beso santo
y luego se sumergen en la espera llena de esperanza

“Si aún no vienes a buscarme, no te olvides de mí,
“Si me cubres y abrigas en el Seol, no te olvides de mí.
“que yo continuaré esperando mi relevo con paciencia
“hasta escuchar mi llamada y entonces me levantaré”

“Sí, por tu amor estaré de pié… ante toda tu creación…”

José Santos
Oct.2011

 

Cuando el nostálgico aroma a bosque y a mar
se enreda en mis cabellos, me angustia la noche,
me acorrala el viento y me besa en la boca.

...Y me acuerdo de ti...

De tu pelo negro y de tus ojos claros.
Y vienen a mí encuentro tu sonrisa fresca,
tus manos inquietas y tus labios húmedos

...Y me angustio de ti....

Y ya no quiero estar lejos de tu figura espigada,
y no quiero verte solo con mis ojos cerrados.
Y anhelo tu figura trémula que tiembla por mí.

...Y entonces oro por ti...

Y le pido al Alto que te traiga devuelta del silencio,
que de nuevo tu beso ardiente me quite el aliento
que me sofoquen tus brazos de tanta vida y de tanto amor.

...Y me acuerdo de ti...

De tu pelo negro y tus ojos claros.

José Santos
Nov.2010

 
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