Martes, Febrero 07, 2012
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Abril 2006

 

Rosmeli Am

 

El Retorno

 

Octubre 2008

Publicado por:

Escritores Teocráticos Ediciones

www.escritoresteocraticos.net

 

 

Autorización:

 

ESTÁ PERMITIDA la producción y difusión total o parcial de este cuento, su tratamiento informático, la transmisión de cualquier forma o de cualquier medio, ya sea electrónico, mecánico, por fotocopia, registro u otros métodos.

 

ESTÁ PROHIBIDA la comercialización de este cuento, o el cobro de dinero para recuperación de gastos de producción. Su distribución sólo se autoriza de forma gratuita.

 

—El retorno—

–Cuento–

 

Rosmeli Am

 

 

            Madre e hijos vivían en una vieja casita de adobe en Valle Hermoso, donde se podían ver flores aún en invierno. Era un lugar privilegiado, donde todos se conocían. Sus mujeres trabajadoras, tejían maravillosas prendas, y hacían dulces exquisitos. Una delicia al paladar, los famosos dulces de “La Ligua”, un pueblito provinciano y tranquilo.

 

           Algunas mujeres criaban solas a sus hijos. Tal era el caso de nuestra protagonista, Sara Inés, mujer de mediana estatura, robusta, madre de tres niños. La mayor de ocho años, le seguía un varoncito de seis y otro de cuatro años. Ella de veintitrés y viuda, trabajaba tejiendo, se casó muy joven. Su primera hija la tuvo a los quince años; su esposo era diez años mayor y hacía tres que su esposo ya no estaba con ella. “Se lo llevó el señor”,  decía ella. Todavía sentía que lo amaba.

 

      El trabajó en una mina al interior de Salamanca, un pueblito cerca de la Cordillera de Los Andes, donde se pueden ver a los cóndores; aves majestuosas con sus enormes alas planeando, rasgando el frío viento de la cordillera. "Es maravilloso mi nena, si lo vieras, es maravilloso"... Y ella se los imaginaba. Él los veía cuando subía en el bus que los conducía a la mina, y se lo relataba a sus hijos en la tarde, cuando todos se juntaban junto al fogón a tomar mate en las frías noches de invierno. Recuerda como su esposo estiraba los brazos imitando a un cóndor volando, y sus hijos reían felices. Amaban mucho a su padre. "Ay Dios mío —suspira con mucha pena—. Porqué te lo llevaste, si era tan bueno mi Juan. Se tomaba sus traguitos, claro,  como casi todos los del pueblo. Pero mi Juan era re’ trabajador". Así pensaba Sara Inés. "¿Porqué, mi Dios tu sabes que lo necesitamos, porqué te lo llevaste?". Gruesas lágrimas surcaban su rostro.

 

      Desde que tenía uso de razón, se hacía preguntas. Su madre era una mujer muy buena, pero sin conocimiento. Jamás salió de valle hermoso, no fue a la escuela. Tenía muchos hermanos que cuidar. Por eso no podía contestar las preguntas que ella le hacía. Su padre, por otro lado,  casi vivía en la mina. Lo veía muy  poco. Cuando Sara Inés era niña,  fue a la escuela, aunque solo a la primaria.

 

      Conoció a Juan cuando solo tenía 14 años. Un primo que trabajaba en Salamanca, se lo presento. Se enamoraron y se casaron. Era un hombre responsable, se la llevo a Salamanca. Allí vivía con su suegra. Ella había perdido a su esposo en la mina, y Juan asumió el lugar de cabeza de familia antes de conocerla a ella. La vida había sido muy dura para su Juan. Trabajaba de niño, y maduró antes de tiempo. Ante sus recuerdos, Sara Inés levantó una plegaria a Dios: "Señor, me dijeron que esa era tu voluntad y tenemos que aceptarla. Pero yo me pregunto, ¿de veras que tu necesitabas a mi Juan allá en el cielo? Pero aquí también lo necesitamos. Mis padres son muy buenos, ellos me trajeron de Salamanca. Pero papá esta enfermo del pulmón, y ya no puede trabajar. Y mamá tiene artritis en sus manos de tanto lavar ajeno. Yo te pido mi Dios, que tengas compasión con mi familia y me digas porqué te llevas al cielo a las personas que necesitamos aquí. Dame las respuestas a mis preguntas por favor".

     En ese momento entra su hija a la habitación y la encuentra llorando, hincada al borde de la cama, como tantas veces la había visto. Sara Inés se incorporó pesadamente, tenía el corazón destrozado. Inconsolable, abrazó a su hija.

 

—¡Vamos, hijita! ve a buscar a tus hermanitos, y dile a mamá que voy a servir el almuerzo.

 

      Luego se dirigió a la cocina, puso la mesa y sirvió un plato. Lo puso en una bandeja. En un platillo puso un pan y junto a él, un vaso con jugo de limón y naranja. Lo levantó y se lo llevó a su padre. Estaba postrado en cama. Sujetando la bandeja con las dos manos, corrió la cortina que separaba la pieza del pasillo con el codo, y sonrió a su padre que leía una revista acostado. Al verla sonrió y se incorporó acomodándose para comer.

 

— Papito te ves mejor. Mañana tenemos que ir a la Ligua para que te vea el doctor. Te pondrás bien. Tienes que seguir con el tratamiento para que se te limpien los pulmones.

 

    Depositó suavemente la bandeja en sus rodillas. Le acomodó los almohadones. Amaba a su padre y lo atendía de corazón.

 

— Gracias hijita, que haríamos nosotros sin ti —dijo, estirando sus brazos con ademán de abrazarla.

 

 Así era su padre cariñoso. Le daba tanta pena verlo padecer. En la noche lo escuchaba toser más, rompiendo la quietud de la noche. En ese instante entró su madre a la pieza, con la intención de ayudarlo a comer, pero don Jacinto no la dejó.

 

— No mijita, si ya puedo comer solo —le sonrió agradecido. Con cariño amaba a sus mujeres.

 

Ellas lo amaban y cuidaban con amor, y no sólo por obligación. Él lo merecía. Tenía más hijos, pero se fueron al norte, en busca de trabajo. Solo le quedaba su hija y era la única mujer. Sus otros hijos eran varones.

En el velador tenía la Biblia abierta para ahuyentar a los malos espíritus, decía, y proteger a su familia. Claro que solo la conservaba como amuleto, porque nadie la leía.

 

     Al día siguiente, Sara Inés y Don Jacinto, salieron muy de mañana rumbo a la Ligua cuando aún era de noche para sacar turno. Se hallaban esperando como tantas personas que querían ser atendidos. Tanta gente, siempre estaba lleno el hospital. Más si era invierno.

 

     Don Jacinto puso atención a lo que una señora le conversaba a otra, y le pidió a su hija que pusiera atención también. La señora decía a su vecina de asiento:

 

— "Dios no es el causante de nuestras enfermedades ni de la muerte. Todo empezó en el jardín de Edén, cuando un ángel de Dios se hizo malo”. La mujer la interrumpió diciendo:

— “¿Cómo un ángel pudo hacerse malo? —le dijo mirándola dudosa, pues para ella todos los ángeles eran buenos.

— “Es porque Jehová a los ángeles también les dio libre albedrío, así como a nosotros. Y uno de esos ángeles permitió que malos deseos, anidaran en su corazón. Él se hizo malo así mismo, y es el causante directo, de los padecimientos del hombre.”

— ¿Y quién es ese ángel? —dijo Sarita sumándose a la conversación.

— “Ese ángel malo es Satanás  —respondió la mujer, invitando a Sarita a acercarse—.Veamos la Biblia. Se las leeré: Génesis 2:17 dice: "Pero en cuanto al árbol del conocimiento de lo bueno y lo malo, no debes comer de él, porque en el día que comas de él, positivamente morirás". Todos los ángeles estaban mirando cuando Dios creó la tierra. Entre ellos estaba ese ángel, y deseó que la pareja que Dios creó, lo adoraran a él. Por eso le mintió a Eva en el jardín de Edén, diciéndole que no morirían, sino que al comer del fruto iban a ser como Dios, conociendo lo bueno y lo malo. Está aquí, en Cap. 3:4,5. El diablo habló por medio de una serpiente, igual como lo haría un ventrílocuo, que hace parecer que habla un muñeco —Mostró con su mano haciendo como que hablaba.

 

— Entonces, ¿Dios creó al hombre para que muriera? —preguntó Sarita. La otra señora solo escuchaba.

 

— Al contrario. Si Dios mismo se lo advirtió. Recuerde que fue la desobediencia lo que le ocasionó la muerte. Ellos se rebelaron contra Jehová, decidiendo por sí mismos. Usaron mal su libre albedrío, y con eso acarrearon la muerte a todos, ya que Adán no censuró a Eva sino que sé unió a ella y comió del fruto prohibido. Jehová no puede mentir y fiel a su palabra condenó a Adán. En Romanos Cap. 5:12,17,19 dice: "Por medio de un solo hombre el pecado entró en el mundo, y la muerte por medio del pecado. Y así la muerte se extendió a todos los hombres porque todos habían pecado... por la ofensa del un solo hombre la muerte gobernó como rey... Por la desobediencia de un solo hombre muchos fueron constituidos pecadores."

 

— Pero, ¿dónde están los muertos? Mi esposo murió, y como era bueno yo creo que está en el cielo, y que desde allí él nos ve y nos cuida. En la noche converso con él —dijo Sarita. La señora la miró enternecida.

 

— Veamos mejor la Biblia —dijo la mujer—, ella como palabra de Dios, nos dirá en qué condición se encuentran nuestros seres queridos que han muerto. Ecl. Cap. 9:5 dice: "Los vivos están conscientes de que morirán; pero en cuanto a los muertos ellos no están conscientes de nada en absoluto.” En Sal.146:4 dice: "Sale su espíritu, él vuelve a su suelo; en ese día de veras perecen sus pensamientos". Eso quiere decir que ellos no se van ni al cielo ni al infierno. Simplemente vuelven al suelo, se hacen polvo.

 

 Sarita la mira con decepción. Ella prefiere creer que está en el cielo, no que se vuelve polvo.

 

— No se desanime —dijo la mujer al notar la cara de tristeza de Sarita—, y vea que Jehová es bueno. Es por eso que mandó a su propio hijo a la tierra, para que fuera sacrificado y con su preciosa sangre nos redimiera de la muerte. ¡Sí! No es una ilusión, es una realidad. Mire, veamos la Biblia. Juan 6:40 dice: "Porque ésta es la voluntad de mi padre: que todo el que contempla al hijo y ejerce fe en él, tenga vida eterna, y yo lo resucitaré en el ultimo día." ¿Se da cuenta que no es la voluntad de dios que muramos? Si fuera esa su voluntad no habría mandado a su hijo para ser sacrificado.

 

A Sarita se le iluminó el semblante. La otra señora se retiró, puesto que la llamaron a su turno. Su padre escuchaba en silencio. No se perdía nada de lo que decía la mujer, que era una Testigo de Jehová.

 

— ¿Usted quiere decir que yo podré ver vivo de nuevo a mi esposo, verdad?

— Yo no lo digo. Lo dice el libro divino —respondió la mujer—. Veamos lo que nos dice aquí, Juan 5: 28,29: "No se maravillen de esto, porque viene la hora en que todos los que están en las tumbas conmemorativas, oirán su voz (la de Jesús) y saldrán. Los que hicieron  cosas buenas, a una resurrección de vida, y los que practicaron cosas malas, a una resurrección de juicio.

 

— ¡Ay Dios mío! Casi no lo puedo creer —exclamó extasiada Sara Inés, tomándose la cara con ambas manos.  Admirada preguntó: —¿Cómo podré volverlo a ver?

 

— Aquí lo dice —responde la mujer abriendo nuevamente la Biblia— Juan 17:3 dice: "Esto significa vida eterna, el que estén adquiriendo conocimiento de ti, el único Dios verdadero, y de aquel a quien tú enviaste, Jesucristo."

— ¿Cómo puedo adquirir ese conocimiento? —preguntó interesada, Sarita.

— Si por favor, díganos cómo —dijo su padre, también entusiasmado.

 

La hermana espiritual lo miró complacida. Una señora, que se encontraba detrás de ellos, también quiso saber y dijo:

 

— “A mí se me murió un hijo de corta edad, y como esta señora, también pensé que Dios se lo había llevado. No sabe cómo me consuela saber que lo podré volver a ver —dijo mientras sus ojos se llenaron de lagrimas.

 

La señora Testigo de Jehová, abriendo su bolso saco un libro, y dijo emocionada y enternecida por esa gente que tenia hambre espiritual:

 

— Yo les puedo ayudar con la ayuda de este libro. Se llama "El conocimiento que conduce a vida eterna", editado por los Testigos de Jehová. O si gustan, podrán tener estudios con hermanos que vivan más cerca de sus casas, y así podrán asistir a las reuniones que se celebran. Así recibirán verdadero alimento espiritual.

 

— Nosotros vivimos en Valle Hermoso —dijo Sarita.  La otra señora dijo que vivía el “La Ligua”. Así es que se hicieron arreglos para ayudarlas.  Y ambas señoras y el caballero, recibieron estudios bíblicos y ayudaron a su familia a adquirir el conocimiento que conduce a vida eterna.

 

       Sarita, ya como testigo de Jehová, junto con sus padres, predican a otras personas, que como ellos antes, vivían en la ignorancia. Ahora tenía la esperanza segura de que volvería ver a su amado esposo. ¡Sí!  ¡Hay resurrección! ¡Hay un retorno!

 

 —FIN—

 

 Rosmeli Am.

16/04/06                                                       

 

 

Marzo 2005

 

Rosmeli Am

 

En espiritu y en verdad

 

Abril 2006

Publicado por:

Escritores Teocráticos Ediciones

www.escritoresteocraticos.net

 

 

Autorización:

 

ESTÁ PERMITIDA la producción y difusión total o parcial de este cuento, su tratamiento informático, la transmisión de cualquier forma o de cualquier medio, ya sea electrónico, mecánico, por fotocopia, registro u otros métodos.

 

ESTÁ PROHIBIDA la comercialización de este cuento, o el cobro de dinero para recuperación de gastos de producción. Su distribución sólo se autoriza de forma gratuita.

 

En espíritu y en verdad

—Rosmeli Am—

    

          Esta es la historia,  de una niña llamada Maria Belén, que vivía junto a su madre en un pueblecito en la costa. Su padre una noche se fue a pescar, y nunca más lo volvió a ver. Todas las noches esperaba que volviera, y su querida mamita no se cansaba de prender velas. Escuchó que el cuerpo de su papito nunca apareció. Todas las noches sentía llorar a su mamita.

            La madre entró a trabajar como doméstica a la vuelta de su casa. Vivía sola con su hija. La patrona permitió que fuera con su hija a trabajar, dado que tenía una niña de la misma edad e iban juntas al mismo colegio. Le gustaba como era la hija de su empleada, más despierta y habilidosa que su propia hija. Y como siempre la comparaba, la hija de la patrona le empezó a tomar mala voluntad a la niña. Ella era grande y robusta y Maria Belén era, por lo contrario, pequeña y muy delgadita.

          Como la patrona de su mamá iba a tener otro bebé, Maria bordaba ropita para el bebito. Era muy obediente y tranquila. Siempre andaba haciendo preguntas, que la madre no podía responder, por su escaso estudio. Ella deseaba que mamá no llorase más. Rara vez sonreía, por eso siempre hacia gracias para hacerla reír. En el colegio le hacia lindos dibujos para ella. La adoraba.  Pensaba siempre que nada malo le sucedería porque tenia a su madre y ella la protegía. A su madre le pagaban mal y el dinero no le alcanzaba para llegar a fin de mes por eso,  esta vez no tenia nada, y ella sabía que su hija tenía hambre, aunque nunca le reprochaba nada. La llamó y pasándole un par de aritos le dijo:

          —Maribel –le dice su madre, como cariñosamente la llamaba–, anda donde doña lucha y pásale ésto, ella ya sabe. Te pasará un kilo de pan, que sean de manteca.

          Doña lucha era la dueña del almacén. Su madre tenía en casa muchas imágenes de diferentes santos. En el dormitorio había dos camas, y en la pared de la cabecera de cada cama, estaba la imagen de la virgen y en la otra la imagen de Jesús. Además de otras imágenes de santos. Le enseñó a hincarse y a rezar a las imágenes. A Maribel solo le gustaba Jesús, y a el le rezaba.

          Pasaron dos años. Maria Belén ya tenía nueve años. Su abuelo vino al pueblo  para llevárselas con él a la ciudad. Su madre estaba feliz, y muy alegre.  Y Maribel se sentía dichosa. Su madre la tomaba en brazos, la besaba, jugaba con ella, como cuando vivía su padre...

          Ven, ayúdame –le dijo su madre,  y sabiéndose a una silla, sacaba los cuadros con las imágenes con mucho cuidado, y ordenadamente las ponía en una caja.

          Llegaron a la ciudad. A Maria Belén le deslumbraron las luces de la ciudad. Nunca  había visto tantas luces. Cuando iban entrando a la ciudad y vio esas luces, le pareció que eran como un lindo vestido de lentejuelas muy brillante. Su corazoncito latía feliz de puro contenta,

          No conocían a nadie, y su abuelo como era pescador, se iba por meses a la mar, y las dejaba solas. Aprendió el oficio de costurera, para salir adelante. Su madre era una mujer muy luchadora. En el colegio del buen pastor, le daban almuerzo. Pero la niña no se lo podía comer, por que los frijoles tenían gorgojos, y sabían muy mal. Y la chuchoca tenía telas, y sabía mal.  Recibía reprimendas de las monjas, porque sólo se comía el pan.

          La madre pensaba que comía bien en la escuela. Las dos pasaban muchas necesidades. Cuando llegaba hambrienta del colegio, en casa solo había un frito de lechuga con una taza de té. Maria Belén se sentía muy débil, la madre la llevó al doctor.

          — “Su hija tiene Raquitismo y está desnutrida, también tiene sombra al pulmón –dijo el facultativo, mientras examinaba a la niña–. Tiene que sobre-alimentarla. Por ahora tiene que estar en reposo, esta muy débil. Tome esta  receta de remedios, pase por la farmacia y allí se los darán.”  Y acariciando la cabecita de la niña, dio por terminada la sesión.

          “Dios mío –pensó desalentada– ¿Porqué me pasan estas cosas a mí? Y no tengo ni para velas. Voy a ir donde esa animita milagrosa para que me ayude” –se decía sin pensar que Dios es el único que podía hacerlo.

          —Mamá, ¿Porqué si tenemos tantos santos siempre estamos mal? –preguntó la niña a su madre–. ¿Tú crees que nos escuchan, que nos cuidan?

          —Lo que pasa es que siempre hay que ponerles velitas, y yo no puedo hacerlo siempre –respondió su mamá–.  Hay que cumplir y nosotros somos muy pobres.

          —Si me sacas de la escuela, yo podría trabajar, cuidando niños y estaríamos mejor –dijo la niña con dificultad. Se ahogaba, y casi no podía hablar. Se cansaba mucho, por el esfuerzo.

          —Ni lo sueñes que te saque de la escuela –responde su madre–, tienes que seguir estudiando, mañana me consigo para las velitas y como es lunes, se las llevo a la animita, y verás cómo te mejoras pronto.

          —Mamá –dice la niña, preocupada–, una compañera me dijo que no se debía adorar imágenes, que solo debemos adorar a dios, no a los muertos. Me lo leyó de un libro que ella dice que es la palabra de Dios.

Su madre la miró intrigada...

          —Qué sabe ella –respondió. No le hagas caso.

          Prendió un cigarrillo, y se acerco a la ventana. La abrió un poco, se sentó para coser dándole la espalda a su hija. Maria Belén tosía. El humo le molestaba.

Golpearon a la puerta. Pensando que era una cliente, se levantó para abrir. Eran dos mujeres...

          — ¿Qué desean? –preguntó–. Estoy muy ocupada.

Sabía quienes eran. Siempre pasaban, nunca les prestó atención.

          —Somos testigos de Jehová y traemos buenas noticias –respondió una de las mujeres.

          —Lo siento les dije que no tengo tiempo, vengan otro día –respondió con desgano.

Iba a cerrar la puerta, cuando escuchó que su hija le decía levantando la voz:

          — ¡Mamá diles que pasen! ¡Que vengan!

          Era tal su insistencia, que su mamá las hizo pasar. Al entrar, vieron un cuadro patético... En la cama yacía  una niña delgadísima. La piel de su carita estaba pegada al hueso y respiraba con dificultad. La pieza olía a tabaco aunque la mamá lo había apagado. Vieron muchas imágenes pegadas en la pared. La madre les acerca dos sillas. Se sentaron. Se dieron cuenta que la madre estaba cosiendo. En el velador había remedios.

          —Hola. Me llamo Maria Belén, pero me dicen Maribel, –les sonrió.  Era una muchacha bonita de rostro, a pesar de su delgadez.

          —Yo me llamo Romina, y la hermana que me acompaña, se llama Luisa –dice tendiéndole su mano. Luego la besó. Lo mismo hizo la otra mujer.

          —El otro día mi compañera de colegio, me contó unas cosas, y yo quería saber si es verdad –dice María Belén incorporándose con dificultad–. Por eso le pedí a Dios que las mandara, por que mi amiga me dijo que lo hiciera, y Dios me escuchó.

          — ¡Si! eso es verdad. Dios siempre escucha las oraciones que se hacen de corazón. –dijo la mujer, mirando complacida a su compañera.

          — ¿Y ellos nos pueden escuchar también? –señaló a los santos de la pared.

          — ¡No! no pueden mirar. Ve lo que dice la santa Biblia –dice Romina–. ¿Leamos? Salmos 115:5-7. Dice: “Boca tienen, pero no pueden hablar; ojos tienen, pero no pueden ver; oídos tienen pero no pueden oír. Nariz tienen, pero no pueden oler. Manos son suyas, pero no pueden palpar. Pies son suyos, pero no pueden andar. No profieren sonido con su garganta.”

La mujer  terminó de leer y  haciendo una pausa las miró:

          —Eso es lo que dice la Biblia de las imágenes.

          —Yo tengo la imagen de San Pedro por que mi esposo era pescador y San Pedro es el patrono de los pescadores –dice la madre de María Belén, y tomando la imagen la besó.

          —Miren lo que dice el mismo apóstol, aquí en la Biblia –dice Romina–.  Está en .hechos 10:25,26.-(Biblia de Jerusalén) dice: "Cuando pedro entraba, salió Cornelio a su encuentro y cayó postrado a sus pies. Pedro le levantó diciéndole: "Levántate, que también yo soy un hombre."

          —Puesto que Pedro no aprobó tal clase de adoración cuando estuvo presente en persona, ¿nos animaría a arrodillarnos ante una imagen de Él? –pregunta Luisa, la otra mujer–. ¿Siendo que el mismo dijo a Cornelio que no hiciera eso? Y miren lo que un ángel le dijo a Juan aquí en revelación (Apocalipsis) 19:10: "Ante aquello, caí delante de sus pies para adorarlo. Pero me dice"¡Ten cuidado! ¡No hagas eso! Yo simplemente soy coesclavo tuyo y de tus hermanos que tienen la obra de dar testimonio de Jesús. Adora a Dios, por que el dar testimonio de Jesús es lo que inspira el profetizar" ¿Vieron? Un Ángel no permitió que lo adoraran, porque solo debemos adorar a Dios.

La madre se quedo pensativa y preguntó:

          —Pero ¿cómo entonces nos podemos hacer oír? Está tan lejos...

          —El tiene un mediador –responde Romina–. Leamos la Biblia. Juan 14:6,14.dice: “Jesús le dijo: Yo soy el camino y la verdad y la vida. Nadie viene al padre sino por mí. Si ustedes piden algo en mi nombre, lo haré." Jesús dice aquí claramente, que solo podemos acercarnos al padre por medio de él. Y que nuestras peticiones han de hacerse en el nombre de Jesús.

          —Si entiendo –responde la madre de María Belén–.  Ahí esta la estampita de Jesús ¿la ven? –la señala con el dedo.

          —Pero esa imagen no es Jesús –contesta Romina–. No hay ninguna foto de él. Ni siquiera un dibujo. Miren lo que dice Juan 4:23,24  dice: "Los adoradores verdaderos adorarán al padre en espíritu y en verdad. Porque así quiere el padre que sean los que le adoren. Dios es espíritu, y los que lo adoran, deben adorarle en espíritu y verdad.” Los que confían en las imágenes como ayuda no están adorando a Dios "en espíritu", sino que dependen de lo que pueden ver con los ojos físicos. En 2 de corintios.5:7bc nos   dice: "Por fe caminamos, no por vista". Espero que lo considere, y ore a Dios Jehová por ayuda. Él es el oidor de la oración, y por medio de Jesús nos podemos acercar a Dios. En Juan 6:40 dice: “Porque esta es la voluntad de mi padre: que todo el que contempla al hijo y ejerce fe en el, tenga vida eterna, y yo lo resucitare en el ultimo día.

          —Si yo muero, ¿podré volver a vivir? –inquirió Maria Belén, esperanzada. Claro, no pensaba morirse.

          —Por supuesto pero no morirás. Tienes que mejorarte para llevarte a la congregación, y aprender más de nuestro amoroso Padre celestial. –Romina la abraza con ternura y le sonríe.

          — ¿Tu iras conmigo mamita? –estirando su manito tomó la de su madre a un lado de la cama.

          —Si mi hijita iremos. Quiero saber muchas cosas. Me gustaría saber cuánto cobran por los estudios –dice su madre, mirando a las mujeres interrogativamente.

          —Nada. Son gratis –responde Romina–. Jesús dijo: "recibieron gratis, den gratis. Podemos empezar el estudio cuando usted lo desee. Gustosamente le ayudaremos.

          —No tengo Biblia –dice tímidamente la madre.  La otra mujer saca de su bolso un lindo libro, bellamente ilustrado. Se lo pasa a Maria Belén, y le pregunta:

          — ¿Te gusta? Mira qué lindo es –dice con dulzura–. Con este libro te haremos estudio a ti. Así conocerás mejor a Jesús. Este libro se llama "Aprendamos del gran maestro".

          —Es lindo me gusta –responde la niña con entusiasmo, aceptando el libro–. ¿Me puedo quedar con el?

Ante el gesto afirmativo de Romina, su carita se iluminó de puro contenta.

          —Cuando te mejores empezáremos un estudio con este libro —reafirma Luisa–. Es un regalo, cuídalo, es tuyo.

          —Entonces vendremos cuando estés mejor –agrega Romina–, para que no te canses tanto. Mientras, lo puedes leer con tu mamita. A ella también le traeremos uno, como ayuda para estudiar la Biblia.

          — ¿Yo puedo empezar mañana? –preguntó la madre de la niña.

          —Si, encantada. Mañana vendremos.

          —A mí también, por favor. ¿Puede ser mañana? –dijo casi suplicando la niña–. Así me mejorare más luego –a lo que las dos mujeres asintieron.  Preguntaron qué era lo que tenía la niña, y la mamá les contó lo que pasaba. Sintieron mucha pena las dos. Prometieron volver luego, y se despidieron emocionadas.

          Al mismo día siguiente, fueron a verlas, y les llevaron mercadería que por unos días las ayudarían.  Entre las dos se comprometieron en ayudar a la niña, y le dijeron a la madre, que tratara de dejar de fumar, pues el tabaco le hacia muy mal a Maribel. La madre se esforzó, y al poco tiempo ya no fumaba, y su casa llegó a estar limpia de la adoración falsa. Asistía a todas las reuniones. Estaba más capacitada para trabajar. Su hijita mejoró, y ya no estaban solas.  Tenían muchos hermanos amorosos que las cuidaban. Formaban una gran familia. Finalmente las dos se bautizaron, dedicando su vida a servir a Jehová y a ayudar al prójimo, así como las ayudaron a ellas. Revelación (Apocalipsis) 21:4 Dice: "Y limpiara toda lagrima de sus ojos, y la muerte no será más, ni existirá ya mas lamento, ni clamor, ni dolor. Las cosas anteriores han pasado".

 

FIN

27/03/05

 

Palabras de la autora.

 

Toda semejanza con la realidad es solo coincidencia. Esta historia ha sido escrita con la intención que los jóvenes tomen conciencia del peligro que corren tras la pantalla de un Chat. Tal vez encuentren personas bien intencionadas que solo desean ahuyentar su soledad, con los amigos del Chat, pero las personas mal intencionadas son las que se aprovechan. Por eso no esta demás aplicar el consejo bíblico citado en Proverbios 14:15 nos dice: "Cualquiera que es inexperto pone fe en toda palabra, pero el sagaz considera sus pasos" Quien mejor que Jehová para guiarnos. Él sólo desea lo mejor para nosotros. Proverbios 3:5 dice: “Confía en Jehová con todo tu corazón, y no te apoyes en tu propio entendimiento" Los Testigos de Jehová gustosamente le ayudaran a saber más de nuestro amoroso padre celestial conduciendo estudios bíblicos gratuitos en su propia casa. Anímese a hablarles cuando visiten su hogar.


Salvaguarda tu corazón

 

          Caminaba por las calles sin rumbo, su pelo estaba mal cortado parecía un joven, era muy bonita, tenia una delgadez extrema, estaba angustiada, y hambrienta. No sabía donde ir, tenia 16 años. Vestía ropa masculina y unos zapatos que le quedaban grandes, eran de hombre. Las personas pasaban a su lado indiferente. Pasaron unas jóvenes de su edad, se volvieron a mirarla y cuchicheaban despreciativas. Las miró con hondo pesar, ella también fue como esas niñas, pero ahora se sentía muerta en vida. Pero veamos cómo pudo una niña como Adriana llegar a tan lamentable estado. Retrocedamos más o menos 1 año. Ella había conocido a Rubén en un Chat, y empezaron a tener correspondencia por el ciber. Rubén era mayor por diez años, pero a ella no le importaba, era su ciber-novia. Se quedaba hasta tarde conversando con el, descuidó sus estudios. Su madre no sabía qué hacer, ya no quería ir a las reuniones de la congregación. Deseaba estar las 24 horas con él, y no le importaba nada más que él. Hasta que su madre cansada, cortó el Internet. Lo pusieron para que le ayudara en sus estudios, pero ella no lo usaba para estudiar, solo para chatear.

 

          -Despierta cariño, tienes que ir a estudiar. Tu padre ya se va. Apúrate para que te vaya a dejar.

 

          -Esta bien, ya voy, ya voy -. Así todas las mañanas. A mamá le costaba sacarla de la cama, y su padre la molestaba  por la demora de su hija.

 

Pasaron unas semanas, llegando tarde a casa. Ese día su mamá la esperaba.

 

          -¿Qué pasa mamá, no fuiste a la congregación? Estoy tan cansada –dijo la niña dejándose caer en el sillón–. La profe me dejó para que limpiara la sala.

 

La madre no aguanto más y perdió la paciencia. Alzando la mano la dejo caer en la mejilla de su hija, le dio tan fuerte que la chica casi cae. Se levanto para salir.

 

          -Esto debí de haberlo hecho antes -le dijo, y tomándola de un brazo la obligo a sentarse. “Siéntate, ¿por que me mientes? ¿no sabes de dónde vengo? Hace más de una semana que faltas al colegio. La profesora me mostró las justificaciones que yo no he firmado, y estaban con una firma muy parecida a la mía, ¿qué pasa contigo? Siempre te hemos tratado bien, nada te falta, eres nuestra única hija, ¿por qué nos pagas así?”

 

La madre ya no podía soportar más y rompió a llorar desahogando su frustración.  Ella era una buena cristiana, ¿por que su hija salió así?. Jamás le dieron mal ejemplo.

          - “¡Me has golpeado! ¡No te lo voy a perdonar nunca mamá!”. Y salió corriendo a su cuarto, dejando a su madre desolada.

 

Esa noche, mientras todos dormían, ella abandonó la casa. Sabía donde sus padres guardaban el dinero, y sacó lo necesario para viajar a la capital en busca de su amor. Tenía su número de celular. Su madre en la mañana cuando se enteró, no podía creer que su hija fuera capaz de hacerle esto. Oró con fervor, porque ella la amaba mucho. Tal vez la había consentido de más. Su hija no era así. Antes era dócil, sumisa. “¿Que pudo hacerla cambiar tanto?”, se preguntaba. Pero veamos: ¿Qué paso con su hija? Iba en un bus rumbo a la capital. Sentía vértigo en el vientre de pura emoción. Él la iba a esperar, se lo aseguró. Al llegar a destino, lo buscó con la vista pero no había nadie parecido a la foto que llevaba. Lo llamó. Contestó una mujer diciendo que dejara en paz a su esposo. "Debo de haberme equivocado de numero", se dijo. Volvió a llamar, esta vez contesto él. "Espera un poco, voy en camino. No te muevas de allí", le decía Rubén. Se sentó, sintió miedo. Habían muchos sospechosos que la miraban. "Por favor apúrate”,  se decía. Al rato vio un hombre que se parecía a la foto, se acercaba, pero...

 

          -¡Hola! Tú eres Adriana, ¿verdad? -se parecía, pero era mucho mas mayor, y gordo.

 

          -¡Si! ¿y usted es Rubén? -le sonrió. Se sentía atemorizada, pero trató de aparentar tranquilidad. Igual se le notaba el nerviosismo. Ese hombre era un total desconocido, como pudo haber sido tan tonta se dijo.

 

          -¡Ven, sígueme! -y lo siguió- “Tú presencia aquí me puede traer muchos problemas, eres menor de edad.”

 

          -Pero usted me dijo que me viniera si tenia problemas, ¿recuerda?

 

          -Si, pero no pensé que lo harías. Eres mas joven que en la foto. -Adriana pensó "y tu mucho mas viejo", pero no lo dijo. Se limitó a mantenerse en silencio.

 

          –Mira, hay cosas que no sabes de mí. Yo estoy casado, tengo un hijo de tu misma edad, también se llama Rubén. Le dije a mi esposa que eres una sobrina que viene del norte, así que dime tío, ¿me entiendes? Y con mi hijo mucho cuidado. -la miro amenazador.

 

          -¿Por qué me engañó? Yo confié, fueron cuatro meses.

 

          -¡Vamos, ya cállate! Solo estarás una semana en mi casa. Te buscaré otro lugar donde vivir. No quiero que me arresten, soy un hombre respetable.

 

Adriana tenía ganas de llorar, pero sentía sus ojos secos. Una angustia tan grande le apretaba el corazón. "Dios mió, cómo pude ser tan ciega. Por qué no presentí el peligro", se decía. Él paró el auto en las afuera y la miro con deseo.

 

          -¡Eres linda!, -le dijo- Seguiremos en secreto, nadie se dará cuenta, mi señora trabaja -intentó tocarla.

         

          -¡No se atreva a tocarme! Lo demandare.

 

Se bajó corriendo del auto, y siguió corriendo sin parar. Solo pudo traer su mochila. Se volvió y vio asombrada cómo el hombre la dejaba abandonada allí. Su sueño de amor se esfumó y dio paso a una pesadilla de la cual deseaba despertar y encontrarse en su tibia y confortable camita. Ya estaba anocheciendo y hacia frió. Lloró, lloró mucho hasta que le dio hipo. Vio una casa y se dirigió a ella. Sentía música como si hubiera una fiesta. Le abrió un hombre joven, le dijo “pasa”,  sin preguntarle quién era. Al entrar vio mujeres y hombres revolcándose en el suelo drogados, semi- desnudos. El hombre que le abrió, dijo “Esta es mía, yo la vi primero”. Una chica la tomó de la mano y se la llevo.

 

          -¿De dónde saliste, monada?, ¿quieres un poco? -Le ofreció hierba- ¿o prefieres la pasta?

 

Ella jamás se había drogado. Recordó a sus padres. “¡No, no puedo hacer eso!” -entró un muchacho y otro. Se sintió morir. Vio las malas intenciones en sus rostros. A la mañana siguiente se sentía muy mal. La drogaron, por eso no recuerda con claridad lo sucedido. Estaba deshonrada. Al cabo de cuatro días pudo escapar. No tenia donde ir. Le robaron todo lo que traía, el poco dinero. No sabía dónde se encontraba. Se puso a hacer “dedo”, a fin de que la condujeran a una comisaría, pero no era su día. Cayó en las redes de unos degenerados. Seis meses después logro escapar vestida de hombre. Se cortó el pelo ella misma, así la encontramos en la calle. Se sentía tan mal. Vio a dos jóvenes  que venían. Era día sábado, y esos jóvenes eran testigos de Jehová. Se sintió tan avergonzada. Su cabellera que era su orgullo, ahora estaba sucia y corto el pelo. Los testigos andaban predicando. Oró en silencio: "Jehová, por favor ayúdame. Muéstrame favor. Ve mi dolor, no me abandones". Temblaba. Un sudor frió cubría su cuerpo. “Permíteme que pueda ver a mis padres, por favor Dios mió. Me arrepiento de todo. Por favor, que no pasen de largo.” Agachó la cabeza, para ocultar sus lagrimas.

 

          -¡Hola! ¿Podemos ayudarte? ¿te sientes bien? ¿Como te llamas? -eso ultimo lo escucho como de lejos y ya no supo más. Cuando despertó estaba en un hospital, y los jóvenes aún estaban con ella. Hizo una oración de gratitud a Dios por haberla escuchado. Dio todos sus datos, y al día siguiente pudo ver a sus padres que lloraban de alegría por haberla recuperado.

 

          -¡Perdóname mamita, perdóname!, -su madre lloraba-

 

          -Mamá, léeme la Biblia como cuando era pequeña por favor. -La mamá sollozando se la leía.

 

           Era un consuelo para Adriana saber que su madre la buscó siempre. En los diarios, en los metros estaba su imagen, y ella no podía saberlo porque estuvo siempre encerrada. Y como en las fotos mostraba una carita limpia y angelical, nada que ver con la cara que ella mostraba en la noche. Pero todo eso quedo atrás, su madre le leía la Biblia, y ella escuchaba como cuando era niña. Proverbios 4:23 "Más que todo lo demás que ha de guardarse, salvaguarda tu corazón, porque procedente de él son las fuentes de la vida”. Isaías 1:18 "Vengan, pues, y enderecemos los asuntos entre nosotros -dice Jehová- Aunque los pecados de ustedes resulten ser como escarlata, se les hará blancos justamente como la nieve; aunque sean rojos como tela de carmesí, llegarán a ser aún como la lana"

 

          -Hijita, Jehová perdona en gran manera.

 

          -Lo sé mamita. Quiero bautizarme y dedicar lo que me quede de vida a servirle.  Sé que me perdonó, por que te encontré. Y cuando muera, Jesús se acordara de mí y me llamará, y viviré sana en un paraíso. Ahí si encontraré la verdadera felicidad. Salmos 37:29 "Los justos mismos poseerán la tierra y residirán para siempre sobre ella".

 

Lograron encontrar y desbaratar la casa donde pasó los ocho meses. Era un lugar clandestino de filmaciones pornográficas donde estaban secuestradas otras niñas como ella. Casi un año de sufrimiento la dejaron al borde de la locura. El cariño y amor de sus padres y hermanos espirituales la animaban a seguir adelante a la madurez cristiana. Aún estaba en tratamiento, pero sabía que Dios Todopoderoso la tenía firmemente asida de su mano.

 

Isaías 41:10 dice "No tengas miedo porque estoy contigo. No mires por todos lados, porque soy tu Dios. Yo ciertamente te fortificaré. Yo cierta y verdaderamente te ayudaré, Sí, yo verdaderamente te mantendré firmemente asido con mi diestra de justicia." Ella, que aprendió con mucho dolor que no debemos soltarnos de la mano de Jehová nunca, sabía que todas esas personas estaban contra Jehová y serán destruidas. Salmos 37:9 dice "Porque los malhechores mismos serán cortados pero los que esperan en Jehová son los que poseerán la tierra”. 10,11 “Y solo un poco más de tiempo, y el inicuo ya no será; y ciertamente darás atención a su lugar y él no será. Pero los mansos mismos poseerán la tierra, y verdaderamente hallarán su deleite exquisito en la abundancia de paz”.

                                                    

 

FIN

 

 

Rosmeli Am

27/03/05

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