Domingo, 14 Agosto 2011
Escrito por Tesy Mopty
Al llegar a tu puerta vi tus ojos enrojecidos, y mustia tu frente, y hasta algunas arrugas delatoras muestran que envejeces prematuramente.
Tu historia es una más entre otras tantas, tu sufrimiento es ya un común flagelo: eres esposa y madre que se afana, el salario no alcanza. Te comprendo.
Ahora levanta ese ánimo y escucha pues traigo aquí un consuelo incomparable: ¿ves este libro? contiene las verdades más elevadas e inconmensurables. (Romanos 15: 4; Juan 17: 17)
Su autor es el Señor del Universo, a quien nadie le puede discutir, a quien nadie debiera cuestionar pues es el Dios que no sabe mentir. (1 Pedro 1: 20, 21; Tito 1: 2)
Jehová es su nombre, quiero que lo conozcas, que aprendas a apoyarte en su verdad; y si tú lo buscas solícitamente, verás cómo Él se dejará encontrar. (Isaías 42: 8; Hebreos 11: 6; Hechos 17: 27)
Aquí muestra el porqué de tantos ayes que al mundo entero azotan sin piedad: están marcando el fin de este sistema, son voz de alerta para la humanidad. (Revelación 12: 12; 6: 1-8; Lucas 21)
Nos promete un Paraíso, ya cercano, donde la angustia nunca más será, donde ya no tendrás que preocuparte porque a tus hijos les faltase el pan. (Revelación 21: 4; Salmos 72: 16)
Los hombres ya no aprenderán la guerra, ni ante la enfermedad sucumbiremos, Jehová se tragará hasta a la muerte, la enemiga más terca que tenemos. (Isaías 2: 4; 33: 24; 25: 8)
Busca a Dios mientras pueda ser hallado, muy pronto ya se cerrarán sus puertas, El destruirá a los que dañan la tierra, los barrerá como a las hojas muertas. (Isaías 55: 6; Revelación 11: 18)
Ajusta tu conducta a sus mandatos, busca su Reino como al bien más caro, toma tu parte en vindicar su Nombre, y Él no habrá de dejarte sin amparo. (Santiago 3: 13; Mateo 6: 33; Éxodo 9: 16; Hebreos 13: 5)
El que hoy yo esté aquí, ante tu puerta, es para compartir esta esperanza. Enjuga ya esas lágrimas, ¡sonríe! ...Yo volveré la próxima semana. (Mateo 28: 19, 20)
Tesy Mopty
Miércoles, 21 Julio 2010
Escrito por Mati Sanchez
Mi querida Bettys
Relato breve
Un día más he ido a visitar a Bettys. Y allí estaba junto a la ventana, tan menudita... con sus cabellos blancos como la lana limpia, y su mirada... clara, transparente, azul como el cielo, mirando hacia ninguna parte, pero no con ojos vacíos, sino llenos, pero llenos de añoranzas, de tristezas, de momentos perdidos, de decepciones y desengaños, esos ojos que de seguro y a través de los años habrán mostrado tanto amor... tanta ternura y que, a pesar de los años transcurridos, en ocasiones dejan ver un brillito semejante a las chispitas que saltan de los leños cuando están ardiendo, y es en esos momentos cuando tengo la certeza de que ella no está con nosotros.
Ese tiempo es suyo, nadie puede arrebatárselo, y por un momento ella corre, vuela hacia ese lugar maravilloso del que yo tantas veces le hablé llamado "paraíso", ese lugar en donde ya nunca más volverá a estar sola y abrazará a sus seres queridos que se quedaron por el camino y ahora están esperando dormidos a que se les despierte. Nada puede detenerla, ni las cuidadoras de la residencia de ancianos donde ella lleva dos largos años marchitándose día a día, ni siquiera puede impedírselo la silla de ruedas.
Por un instante se ha visto allí, ¡cómo le han brillado sus ojos aun lindos pero ya cansados! Le hablo, le pregunto, pero ella apenas me conoce, ya no recuerda que un día de otoño de hace pocos años la rodeé con mis brazos para impedir que una ráfaga de aire muy fuerte la arrastrara. Nunca había hablado con los testigos (me comentó ella), pero desde ese mismo día nació entre las dos un cariño sincero y me abrió la puerta de su casa y yo di gracias a Jehová por haberme puesto en su camino y le prediqué y le hablé de nuestro magnifico Creador de su amor de sus propósitos, de su Reino.
Ella tenía dificultades para leer era ya muy ancianita (90 años), pero a mí me encantaba leerle directamente de la Biblia, porque a ella se le iluminaba la cara, y, cuando le hablaba de la resurrección, lagrimas serenas de felicidad le corrían por su carita rosada.
Beatriz nunca se casó, fue la hija y la hermana mayor abnegada y sumisa que cuidó de sus padres y, después, de sus sobrinos. Fue una mujer capaz, trabajadora, honrada, bella, sí, también fue bella, pero se gastó por los suyos y cuando dejó atrás el vigor de sus años de juventud y le llegó la vejez entonces la desposeyeron de lo poquito que tenía, su casa... sus recuerdos... en definitiva: su vida, y la ingresaron en una residencia de ancianos (antes llamadas asilos). Sí, ellos creerán que se lo han quitado todo pero no saben los ignorantes que hay algo que nunca podrán quitarle. Son sus recuerdos, aunque "ellos" digan que es vieja y que tiene demencia senil para acallar quizás sus conciencias.
Pero mi estimada Bettys no está senil, sino que el abandono la ha sumido en una gran tristeza hasta el punto de no querer vivir. Pero aún así en ocasiones tiene ese brillito especial en sus ojos azules, tan serenos, y entonces me acerco y, señalando con el dedo índice hacía el cielo, le pregunto: “Bettys cariño... ¿como se llama?", y me susurra con una dulzura inmensa...
“¡¡Jehová !!”
Mati Sánchez
*Relato basado en un caso real
Sábado, 12 Junio 2010
Escrito por Silvia Espiño
La niña de los ojos tristes una pena en su corazón guardaba, que nadie de esto sabía ni ella lo recordaba. Se escondía por los rincones sin quererlo, sola sufría.
La niña de los ojos y tristes los recibió una tarde fría asaltada por el engaño cuando aprendió que la mentira la salvaba del castigo cruel.
Aprendió que lo mejor era callar, en vez de poder hablar, y lo mejor sería olvidar porque nadie creería su penar.
La niña de los ojos tristes se los pintó de alegría en su boca dibujó una gran sonrisa y de cascabeles toda ella se vistió.
Tanto dolor la llevó a dejar que el olvido tapara la crueldad que su cuerpo sufrió.
La niña de los ojos tristes, creció y vivió lo mejor que pudo y fue feliz lo mejor que supo. Una luz un día iluminó sus tristes ojos llenos de pena.
Aprendió la maravillosa Verdad y la esperanza su corazón llenó. La niña de los ojos tristes que prefirió el olvido tenaz, halló la cura gracias a su Dios Jehová.
Aún sus ojos guardan tristeza, heridas que un día sanaran, cuando el Reino y Su justicia lleguen y le de calma por la eternidad.
Silvia Espiño 24/11/09
Domingo, 20 Noviembre 2011
Escrito por José Santos
El anuncio fue como una granada mortal, esparciendo esquirlas en todas direcciones “Ya no es testigo de Jehová” se nos dijo...
Las lágrimas saltaron como sangre esparcida
Estupefacción, horror y un dolor intenso que se alojó en la garganta y en lo profundo del corazón. “No es posible, si solo ayer me prodigó su sonrisa”.
El suelo pareció abrirse debajo de nuestros pies.
Desde ese día, tu asiento triste y vacío nos habla de ti. Nos dice que te has ido lejos del amor, devorado por la noche. Y nuestros corazones se niegan a perder la esperanza de verte volver un día con la cabeza gacha y el corazón partido.
¡Ay de los corazones heridos! ¡Ay, de los que lloran cada noche!
Ustedes, los dolientes, son víctimas del inicuo y artero enemigo El ataque del Opositor y Calumniador, es contra ustedes, los que sufren Utiliza a sus amados, contagiados con el mundo, para hacerles transigir.
“Aún cuando te hayas ido, te traeré de vuelta cuando aprendas de mi desapego”
Los hijos de Job fueron bajados al Seol para destrucción del leal de Dios Desde allí se los traerá Jehová, al final de los días, para regocijo exultante. De la noche también vendrán nuestros amados, seducidos por la oscuridad, traídos de la mano por su corazón arrepentido y su conciencia restablecida
¡Oh, Miriam, no te quedes fuera del campamento, lejos tu amado Dios!
El fuego del Altísimo fundirá la piedra, volviéndola un corazón de carne Hará de la necedad, naciente sabiduría, completará Miriam, la cuarentena Y los dolientes ya no derramarán su angustia y dolor cada noche amarga. Oh, corazón en angustia, ten fe y confianza. A quién Él ama disciplina.
Miriam volverá… no dejes de vigilar el camino a la distancia…
José Santos Nov. 2011
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