

Esta es la historia (real) de un niño de unos tres años de esos que hacen impacientarse (hasta la angustia) a sus madres en un Salón del Reino cualquiera, de cualquier parte del mundo, y que a mí me tocó conocer personalmente. Me hubiera gustado decir que “El Checho” (Así se le conocía, actualmente de unos 27 años ahora), sigue fiel en el camino de Jehová, pero lamentablemente aún no se decide por el camino verdadero, a pesar que su madre sigue fiel a Jehová hasta el día de hoy, y que su hermana de unos años menor, es precursora en su congregación. Tal vez influyó su padre no testigo y muy enérgico, que derruía toda la enseñanza teocrática que la madre con tanto esfuerzo trataba de inculcar en su hijo. En fin, esperemos que algún día Jehová le ayude a apreciar el mejor futuro que tendría si se decidiera a servirle. Su mamá, la hermana Eduvigis (se ha cambiado el nombre), decía que el Checho era “inquieto”, tratando de disculpar a su hijito, quien, por supuesto no tenía culpa alguna ya que a su edad (unos tres años) los niños sacan partido de la dualidad de enseñanza de sus padres.
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