
De las profundidades de la angustia,
te yergues dificultosamente.
Elevas tus manos suplicantes hacia el cielo,
hacia tu hacedor.
Corazones aplastados, por debajo de la tierra,
Amando a pedazos, esperando el día para sonreír.
¿Quién hay que conozca el fondo del pozo,
para que emita un parecer?
¿Quién ha estado alojado en lo mas profundo de la oscuridad,
para que comprenda tu dolor?
¡No hables, boca fácil!
No sabes lo que hiere tu lengua.
Es necedad opinar sobre lo que no se conoce.
Hay un tiempo para todo... ¿No es tu tiempo de callar?
Sabe que también se ama desde las profundidades.
Amor que duele, amor subterráneo.
Corazones aplastados, por debajo de la tierra,
Amando a pedazos, esperando el día para sonreír.
“No tengas miedo... yo estoy contigo —dice tu Dios.
Toma mi mano y levántate una vez mas.”
Oh, amor subterráneo... Recuerda que el Altísimo te sostiene,
te toma entre Sus brazos y te acaricia.
Te mantiene adherido a Su corazón, con cuerdas de amor.
Aún hay ojos ansiosos entre tus hermanos, que lloran por ti,
que se iluminan cuando estás de regreso de la noche.
Deja que el cariño de tus socios te envuelva también,
Como prenda de vestir, como vestido de fiesta.
Corazones sinceros que se gozan con tu presencia.
Que te reciben con beso santo... por amarte tanto.
Corazones aplastados, por debajo de la tierra,
Amando a pedazos, esperando el día para sonreír.
José Santos
Octubre 2006