Jueves, Febrero 09, 2012
Otros Autores Silvia Espiño- [5a20] Vislumbres del paraíso

Vislumbres del paraíso

 

Aún estando en el viejo mundo con todas las presiones y dificultades, podíamos disfrutar de algunos momentos distintos.

Jehová, en su infinita bondad, nos permitía sentir vislumbres del paraíso. Por ejemplo, cuando teníamos asambleas eran momentos únicos en los que sentíamos a la hermandad y el ambiente calmo nos llenaba de gozo, tan diferente al mundo que nos esperaba afuera.

 Cuando había desastres naturales o hnos en dificultades serias, allí se organizaba todo de tal modo que el auxilio de los hermanos llegaba primero antes que nadie. Se podían ver a los hnos ir de aquí para allá, ayudando en la entrega de alimentos, cosas necesarias o reconstruyendo viviendas, trabajos que preparaban el corazón de lo que luego viviríamos acá en el nuevo mundo.
Uno de esos momentos distintos, quedó grabado en mi mente y corazón hasta el día de hoy...
Junto a Auri tuvimos la hermosa oportunidad de viajar muy lejos para conocer a Nancy, una amiga querida. *
Fue muy especial disfrutar esos días junto a Nancy, pero hubo algo que ni Auri ni yo imaginábamos al viajar. Conocer a Nery y a José, los padres de Nancy.
Los dos, con muchos años de servicio leal a Jehová, venían soportando serias dificultades de salud, no solo las propias, sino que se sumaban las espinas de Nancy.
En aquellos días cuando los conocimos, estaban envejecidos. Se podría pensar que eran personas abatidas, decaídas, cansadas de tanto dolor físico y emocional. Pero no, así no eran ellos. Aunque su paso era lento, no se quedaban quietos. Nery andaba todo el día de aquí para allá, siempre teniendo mucho que hacer. Parecía querer demostrar que el dolor físico y las limitaciones no la detendrían de su rutina diaria, ni en su servicio a Jehová.
José con su tranquilidad, suplía lo que Nery no podía hacer ya, atento a las necesidades y cuidados, tanto de Nery como de Nancy.
Tenían los dos el don de la hospitalidad. Su casa fue visitada por muchos hnos. a través de los años  Vio pasar a las primeras misioneras llegadas al país, fue alojamiento de viajeros y precursores, de hnos a quienes no conocían, pero que necesitaban un hogar donde estar, sea por dificultades o asambleas. Su mano jamás quedó corta aunque no poseían mucho en lo económico, sabían confiar en Jehová y en El se apoyaban.
Recuerdo como si fuera hoy el tiempo que pasamos en su casa. Tantos gratos momentos vividos, que ni sus canas ni su paso lento o las espinas visibles, nos distraía de sentir en el corazón que vivíamos vislumbres del paraíso.

Quedaron en mi corazón grabado la voz menuda y finita de Nery, sus lágrimas de despedida, los ojos húmedos de José, moviéndose inquieto para que no viésemos cómo rodaban por su rostro las lágrimas. También quedaron a fuego grabadas sus risas y alegría, como aquel mediodía cuando bailamos y cantamos con Auri mientras cocinábamos... Faltaba poco para la despedida, no fue fácil para ninguno contener la emoción.
Afuera de esas puertas estaba el mundo inicuo, con sus presiones y dolores...Detrás de esas puertas, una familia que peleaba contra la enfermedad, que debilitaba el cuerpo, pero no a la persona interior. Porque tanto Nery, José o Nancy, tenían sus ojos puestos en las cosas que no se ven, en las que son eternas.
Aquellos momentos distintos que vivimos, donde compartimos el verdadero amor cristiano, fue lo mas parecido a la vida que tenemos hoy, gracias a Jehová.
Por eso, ayer, cuando volvimos a vernos, con José y Nery, después de tanto tiempo, sentimos la misma alegría y gozo de entonces, solo que ahora todos podíamos cantar y bailar libres de las espinas del ayer y una vez más , al sentarnos para almorzar, unimos nuestros corazones en una oración de gracias a Nuestro Amoroso Padre Celestial, por darnos el privilegio de estar juntos en este maravilloso y bendito nuevo mundo.

* El Reencuentro

                                                                                Silvia Espiño