Jueves, Febrero 09, 2012

El Reencuentro

Hace unos días conversando con Auri, recordábamos cuando nos conocimos en el viejo sistema. ¡Cuantas cosas compartidas! ¡Cuántos gratos momentos vividos! Así, recordando amigas muy queridas, que sabíamos habían sobrevivido al Armagedón, se detuvieron nuestros recuerdos en una especial…

En aquellos últimos días del viejo sistema, nuestra querida amiga, Nancy, estaba enferma. Esto, no le permitía hacer muchas cosas fuera de su casa, como hubiera querido. Vivía muy lejos de nosotras y no era algo fácil poder vernos.

La situación que se vivía entonces, hacia imposible lo que hoy es tan sencillo: viajar donde uno quisiera. Los compromisos, la familia y lo económico, eran las tres razones de no poder vernos como deseábamos. Pero un día, impensadamente, como regalo de Jehová, se fueron dando las cosas. Lo que fue una ilusión que ni podía llegar a ser sueño, por lo imposible, se hizo realidad una tarde cálida de noviembre.


¡Cómo olvidar aquella tarde, cuando nos estrechamos en un abrazo tan largo y sentido las tres!...

Nancy lloraba, Auri reía feliz y yo tenía un nudo en la garganta que no me dejaba hablar…

Pasamos juntas unos días hermosos. Detalles que quedaron guardados en el corazón de las tres, que no podría contar, porque seria interminable. Pues los más bellos recuerdos que perduran, no son solo aquellos que entran por nuestros ojos, también son las cosas que oímos, las que olemos, los sabores compartidos y esas sentidas oraciones agradeciendo a Jehová, por el privilegio de estar en su pueblo y por haber permitido que nos conociéramos, iniciando esta amistad y haber podido vencer la distancia, que lejos de separarnos, nos servia de unión.
Perdidas en esos recuerdos queridos, entre pastelitos y ricas tortas, nos callamos de golpe, por un impulso común. Un profundo silencio llenó el ambiente y Auri, saltó de la silla como un resorte. Sus ojos brillaban y reían. ¡Se le había ocurrido una idea!

Y dijo: -¡¡¡Vamos a ver a Nancy!!! 

Dicho así, pudiera parecer algo lógico, pero esta idea fue algo sublime

-¡¿Cómo no lo hicimos antes?!

Hablamos con nuestros esposos de inmediato y les pareció una excelente idea. Se comunicaron con el esposo de Nancy, para darle la sorpresa.  Debido a que era una época donde menguaba el trabajo de nuestros esposos, se organizó todo en pocos días…Auri y yo estábamos tan felices y ansiosas como aquella vez, hacía ya tanto...


Ahora, las cosas eran distintas, ya habían desaparecido esas dolorosas espinas de Nancy. Tanto el sufrimiento y el dolor físico y emocional, solo habían logrado de ella, una mejor sierva de Jehová. A Auri, el nuevo mundo que Jehová nos permitió vivir, le devolvió la sonrisa a su corazón apenado y lo fortaleció, aún más, aquel día tan esperado por ella, cuando recuperó a alguien, que tanto anhelaba reencontrar…Pero esa, es otra historia….

Por fin, una apacible tarde primaveral, llegamos a casa de Nancy.

El aire fresco, perfumado por glicinas, dio el más bello marco, cuando a lo lejos, salió de su casa a nuestro encuentro Nancy, sorprendida al vernos.

Me faltan las palabras para describir nuestro sentir. Ver la figura menuda, delicada y tan bonita de nuestra amiga, que corría hacia nosotros… 

Una vez más nos unimos las tres en un fuerte abrazo, donde una reía, otra lloraba y otra daba las gracias a Jehová, por tantas bendiciones y por esta amistad que nos permitió tener. 

 

                                                                             Silvia Espiño