Martes, Febrero 07, 2012

Señas

  

Yo te escucho

aunque tú no puedas hablar,

tú me contestas

aunque tú no puedas oír,

porque para comunicarnos

nada más necesitamos

un corazón que sepa entender

y dos manos que sepan reír.

 

Tú y yo somos iguales,

no hay diferencias.

Tenemos las mismas necesidades,

nos hacemos las mismas preguntas

y esperamos las mismas respuestas.

Los dos tenemos un sueño maravilloso:

¡en el paraíso servir para siempre

a nuestro amado Dios Jehová!

 

El mundo no te entiende,

no sabe y no quiere leer

las palabras que tú escribes

en la gran cara del aire.

Pero tú no te preocupes,

no te sientas mal, ¡no llores!;

en el amigable pueblo de Dios

todos queremos leerte.

 

Tus sentimientos son importantes

y también tus pensamientos.

No te escondas detrás de un árbol,

no te metas debajo de la cama,

no te encierres en tu casa;

tú camina en la calle y demuestra

que vivir dentro del silencio

no significa estar muerto.

 

Se acerca muy rápido el tiempo

en que tus oídos verán el sonido

y tus labios tendrán una voz.

Pronto, muy pronto tú disfrutarás

de la suave música de las flores

y del espumoso canto de los mares.

Sólo aguanta un poquito más

y un grito de alegría tú darás.

 

...A Seyed Maryán Falah; amiga y hermana en la fe.

 

 

Alberto León